Opinión: por qué mantener en secreto el BoP del WEC se volverá en su contra
El WEC ya no publicará las tablas de equilibrio de rendimiento (BoP) de cada carrera, una medida que, hasta ahora, no ha tenido buena acogida entre los aficionados.
El Campeonato del Mundo de Resistencia ha llegado a un punto de inflexión en lo que respecta a su integridad deportiva. Tal y como anunciaron la FIA y el ACO durante una rueda de prensa celebrada el pasado jueves por la mañana, toda la documentación relativa al 'Balance of Performance' se mantendrá en estricta confidencialidad a partir de 2026.
Aunque se presenta como una medida para estabilizar el paddock, esta decisión supone, en la práctica, la exclusión sistemática del público a la hora de evaluar la competición deportiva. Establece un nivel de opacidad sin precedentes en el automovilismo moderno.
Bruno Famin, subdirector del ACO a cargo de la competición, justificó la medida como un medio para "evitar malentendidos", alegando que las complejidades técnicas del BoP son demasiado grandes para que las comprendan los que no están familiarizados con el tema.
En resumen: los organizadores han optado por retirar por completo la base factual, porque dudan de la capacidad intelectual del público para comprender la lógica que subyace al BoP.
En una Europa democrática donde la transparencia y la libertad de expresión son la norma, este retroceso es un hecho preocupante.
Cuidado con el efecto Streisand
El intento de la FIA y el ACO de excluir a los medios de comunicación del debate sobre el BoP es un autogol estratégico. Sin acceso al peso, las curvas de potencia y la distribución de energía, desaparece la base para cualquier análisis objetivo.
Famin afirma que la medida tiene por objeto frenar la "especulación", pero eso es precisamente lo que va a conseguir ahora el WEC.
Un ejemplo claro: el caso del Genesis GMR-001. La suposición de que Genesis recibió el BoP menos favorable en Imola debido a la falta de datos históricos ya no puede verificarse objetivamente. Sin datos de BoP disponibles, el ritmo del GMR-001 es ahora una cuestión de conjeturas.
N.º 15 BMW M Team WRT BMW M Hybrid V8: Raffaele Marciello, Kevin Magnussen
Foto de: Rudy Carezzevoli / Getty Images
Anteriormente, el análisis objetivo de Motorsport.com sobre las relaciones potencia-peso proporcionaba un punto de referencia matemático para los aficionados.
La necesidad de tal supervisión queda patente en los recientes acontecimientos del IMSA, donde, a pesar de las promesas de un margen de rendimiento ajustado, la diferencia en las relaciones potencia-peso creció hasta un máximo de 0.311 kg/kW en tan solo dos carreras.
En el futuro, el WEC verá cómo esa realidad con datos es sustituida precisamente por la especulación que pretende evitar. Dado que los periodistas ya no podrán verificar el rendimiento, todos los equipos podrán achacar un mal resultado al BoP sin temor a ser contradichos.
La anterior obligación de los equipos de dar respuestas sinceras desaparece junto con el papel de los medios de comunicación como vigilantes. El resultado es el Efecto Streisand: el debate no se acallará; simplemente se volverá más subjetivo y se extenderá más debido a la falta de datos.
El responsable de Ferrari en el WEC, Antonello Coletta, ya está dando la voz de alarma: "Está claro que todos queremos saber más sobre los entresijos de la competición. Por desgracia, este es un aspecto que faltará en la narrativa de la carrera"
¿Cómo afectará el secretismo con el BoP a Le Mans?
Las implicaciones de ese cambio van mucho más allá. Bruno Famin admitió que los organizadores aún no están preparados para comprometerse con un proceso específico de BoP para Le Mans.
Sin supervisión pública, la FIA y el ACO tendrán mayor discrecionalidad a la hora de aplicar el BoP y comunicarlo internamente a los fabricantes y equipos.
Al menos, los casos anteriores podían analizarse tras la carrera, como las 24 Horas de Le Mans de 2016, cuando solo Ford y Ferrari pudieron luchar por la victoria en LMGTE Pro en el 50º aniversario de su legendaria rivalidad. Otro ejemplo es la penalización de peso impuesta a Toyota en 2023, contraria a las propias normas establecidas por el WEC.
En el futuro, ese nivel de escrutinio será imposible.
También existe el riesgo de que la carrera más importante del mundo se vea condicionada por decisiones que no pueden verificarse externamente. En ausencia de transparencia, ni siquiera se pueden descartar por completo escenarios descabellados, como una subasta por el mejor BoP.
La transparencia es la garantía de una competición justa. Al cancelar esta garantía para 2026, la FIA y la ACO están despojando al WEC de su condición de competición técnica verificable. Lo que queda es un sistema cerrado en el que los resultados se deciden en las trastiendas en lugar de en la pista.
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