Max Verstappen y el peso del poder en la F1
Cada verano, el futuro de Verstappen vuelve al centro del mercado de pilotos. Pero esta vez el verdadero tema es otro: el papel cada vez más central que ha conquistado dentro de Red Bull hace inevitable asumir una responsabilidad proporcional a su peso.
El verano de Max Verstappen se ha convertido en una cita fija de la Formula 1. Cada año, puntualmente, su futuro vuelve al centro de las discusiones del paddock. Esta vez, sin embargo, hay una diferencia sustancial respecto al pasado. A lo largo de los años Verstappen ha conquistado dentro de Red Bull un peso que ningún otro piloto hoy puede presumir en su propio equipo. En el cuartel general austriaco del imperio Red Bull han considerado su presencia tan importante como para atender prácticamente todas sus peticiones: un contrato faraónico, una libertad sin igual y también un peso creciente en las decisiones que han contribuido a rediseñar la cúpula del equipo.
La propiedad probablemente ha subestimado las consecuencias de la salida de escena de Christian Horner, al que se le echó después del Gran Premio de Gran Bretaña de la pasada temporada. La estructura ha perdido su arquitrabe y el proceso de reajuste sigue en curso. En el plazo de un año, la hemorragia de personal ha sido de gran calado y no ha afectado solo a figuras de primer plano como Jonathan Wheatley, Giampiero Lambiase, Paul Monaghan y Will Courtenay, sino también a muchas personas lejos de los focos: mecánicos, ingenieros junior y técnicos con funciones operativas tanto en pista como en el cuartel general de Milton Keynes. El último nombre de una lista cada vez más larga es el de Michael Manning, ingeniero muy cercano a Verstappen, que en los últimos días ha pasado a Williams.
El malestar veraniego de Max no representa una novedad. Se está convirtiendo casi en una cita fija que acompaña a la Formula 1 hacia el parón estival. Si en las temporadas anteriores el objetivo de Verstappen pareció ser el de obtener condiciones contractuales cada vez más favorables, hoy el panorama es distinto. "Hay años en los que se es un poco más competitivo que en otros – explicó Max el jueves – pero en términos de enfoque y de cómo trabajamos no cambia nada. La gente va y viene, creo que forma parte del proceso. A veces uno querría que la gente se quedara, es verdad, pero pienso que así funcionan la vida y el deporte. Hay que seguir adelante e intentar encontrar nuevos talentos. Es lo que siempre miramos, y es lo que hacemos".
Verstappen quiere garantías técnicas y sigue buscándolas de la forma que ya le caracteriza: manteniendo una presión constante sobre el equipo a través de un futuro dejado deliberadamente en el aire. Cuando se le preguntó si seguirá corriendo con Red Bull la próxima temporada, la respuesta fue tajante: "No tengo nada que decir". ¿Puedes darnos alguna actualización? "No. No quiero venir aquí a decir sí o no, y esto y aquello, sobre mi futuro. Ya he dicho varias veces que si hubiera algo nuevo, lo diría yo mismo".
Habría bastado un simple "Sí, me quedaré" para cerrar definitivamente la cuestión y permitir al equipo mirar al futuro con mayor serenidad. Ese sí, sin embargo, no llegó. La diferencia respecto a los veranos anteriores es sustancial. Verstappen y su entorno se han visto progresivamente implicados en muchas de las decisiones más importantes de Red Bull, obteniendo un peso que ningún otro piloto hoy puede presumir dentro de su propio equipo. Si se pasa a formar parte de un proceso de toma de decisiones, aunque sea solo indirectamente, es inevitable que también crezcan las responsabilidades. El peso político no trae consigo solo privilegios, sino también consecuencias.
Max Verstappen, Red Bull Racing, Laurent Mekies, Red Bull Racing Team Principal
Foto di: Mark Sutton / Formula 1 via Getty Images
Potencialmente, Red Bull conserva todos los recursos para mirar al futuro sin pánico. El trabajo realizado por el departamento Powertrains está destinado a seguir siendo uno de los proyectos más ambiciosos y de mayor éxito en la historia reciente de la Formula 1 y, dentro de pocos meses, también entrará en funcionamiento el nuevo túnel de viento construido en el campus de Milton Keynes. Será inevitablemente necesaria una campaña enorme de fichajes, una operación compleja pero también una oportunidad para sentar las bases del ciclo que seguirá a la gloriosa era Newey.
A los veintiocho años, Verstappen se encuentra en la posición ideal para convertirse en el punto de referencia de ese nuevo proyecto. Tiene a su favor un contrato extraordinario y una confianza prácticamente incondicional por parte de la propiedad. Precisamente por eso, sin embargo, el papel que hoy desempeña requiere algo diferente respecto al pasado. Ya no basta con ejercer presión desde fuera: hay que contribuir a la reconstrucción del equipo incluso dejando de lado las ambiciones naturales del piloto. Si en los últimos meses su peso ha influido en las dinámicas internas del equipo, es natural esperar que ese mismo peso se utilice también para favorecer su relanzamiento.
Las alternativas, por lo demás, ya no son las de hace doce meses, cuando Toto Wolff había admitido públicamente que Mercedes no podía ignorar una posible candidatura de Verstappen. Para 2027 las puertas de Brackley ya están cerradas, al igual que las de Ferrari en Maranello. Queda McLaren, pero hoy el equipo de Woking no está en condiciones de ofrecer esas garantías que hasta hace un año parecían mucho más sólidas. Es verdad que hay y habrá rostros vestidos de papaya muy familiares, empezando por Lambiase, pero Max también debe tener en cuenta cómo en este momento McLaren está pagando el ser un ‘customer team’ de Mercedes.
Seguir dejando el propio futuro en la incertidumbre lleva inevitablemente a imaginar también un escenario más radical: un año sabático, a la espera de oportunidades de riesgo cero. Es una posibilidad que existe, pero representaría en cualquier caso una elección no exenta de riesgos en un deporte que cambia a una velocidad impresionante y que, en los últimos años, ha demostrado varias veces saber invertir jerarquías consideradas inmutables.
Verstappen ya tiene un equipo. "Para mí es como una segunda familia", dijo él mismo hace dos días. Y como en todas las familias puede haber momentos de tensión. Pero también llega el momento en el que quien tiene mayor peso debe contribuir a recomponer el grupo e indicar una dirección. Pocos pueden hacerlo tanto como Max Verstappen. Pero el papel que ha conquistado dentro de Red Bull le obliga ya a ser parte de la solución, no solo una voz que exige respuestas amenazando con abandonar el barco.
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