'Del Game Over a la gloria de Le Mans', la columna de Timo Bernhard

En su última columna para Motorsport.com, Timo Bernhard explica cómo Porsche se recuperó de los primeros problemas mecánicos con el #2 para ganar la 85ª edición de las 24 Horas de Le Mans.

El sábado por la tarde, con solo tres horas y media de carrera disputadas, cuando nuestro coche sufrió un problema con el eje delantero parecía como si todo estuviera acabado.

21 horas más tarde alcé el trofeo de Le Mans en el podio delante de un mar de gente tras una carrera que había sido como una montaña rusa.

Todo el que ha estado en Le Mans antes, ya sea como parte de un equipo o como aficionado, sabe que no hay nada igual.

Es una larga semana de celebración del motorsport a la que vienen, de todos los rincones del mundo, más de un cuarto de millón de personas. La carrera es brutal y requiere una gran unión entre el hombre y la máquina.

Sin embargo también hay algo mágico en Le Mans, especialmente si pilotas de noche o cuando el sol se levanta sobre el arco Dunlop.

La semana arrancó con un encuentro en el centro de Le Mans, donde miles de fans vinieron a ver los procedimientos oficiales con los coches y la presentación del equipo y los pilotos.

Tras los compromisos oficiales a principios de semana, finalmente nos pusimos a trabajar el miércoles en las sesiones de libres y luego durante las tres clasificaciones, que nos fueron bien. Pudimos optimizar el set up del coche en diferentes temperaturas de pista y lograr importantes datos respecto a la elección de neumáticos para la carrera.

La clasificación de Le Mans es siempre un poco lotería. Es un gran reto con sesenta coches en pista. Al final no tuve una vuelta limpia, pero el balance de nuestro coche era realmente bueno y estábamos en buena forma para empezar la carrera desde segunda fila.

Tras el drivers parade del viernes tuve una noche para descansar tanto como fuera posible antes de un día muy largo que tenía por delante.

La parrilla de Le Mans siempre está llena. Entrevistas de último mento, apretones de manos y buenos deseos. Cuando finalmente la puerta se cerró detrás de mí, pude ponerme a trabajar y centrarme en mi trabajo. Tuvimos un comienzo bastante tranquilo y seguíamos cuartos hasta que dejé el coche en manos de Earl tras 38 vueltas.

A las 18:30h tuvo que volver a boxes para una detención inesperada, ya que nuestro 919 había perdido el eje delantero. Nuestros mecánicos hicieron un mega trabajo en decidir rápidamente qué había que hacer y tras una hora y cinco minutos el coche estaba listo de nuevo.

Brendon se incorporó a la carrera con 19 vueltas perdidas y en la posición 56ª. Era crucial que nosotros tres, así como el resto del equipo, mantuviera la motivación. En una situación así tienes que dejar a un lado las emociones negativas y centrarte completamente en el trabajo para sacar el máximo de ello.

Cuando dos de los tres Toyota se retiraron pasada la medianoche, nuestro coche hermano se puso líder. En ese momento nosotros éramos 17º y pudimos mejorar aún más durante la noche.

Cuando yo volví al coche, a las 5 de la mañana, ya éramos 13º.  

Pude progresar entre el tráfico y entregué el coche a Earl en décima posición general y segundo de LMP1 a las ocho de la mañana.

La carrera se volvió dramática cuando nuestro otro coche se retiró siendo líder a las once de la mañana. En ese momento éramos el LMP1 mejor clasificado y de repente nuestra carrera cambió de perspectiva.

Me subí al coche justo después del mediodía para un largo y último stint. Ahí ya habíamos hecho 325 vueltas y el líder de la carrera, el LMP2, nos sacaba una. 20 vueltas antes del final pude pasarle.

La última parte fue brutal. Todo estaba en nuestras manos, pero teniendo en cuenta todo lo que había ocurrido, no había nada seguro. Hicimos otro pitstop para repostar siete vueltas antes del final y a las 15:00h conseguimos lo que parecía inalcanzable.

Siempre he soñado convertirme en ganador general de Le Mans con Porsche. Difícilmente puedo describir cómo me sentí. Fue la primera vez que lloré en una tranquila vuelta tras cruzar la meta.

Estoy muy agradecido a Porsche, el equipo y por supuesto mis brillantes compañeros, Brendon y Earl. Fue un increíble momento que nunca olvidaré.

Le Mans es la carrera de resistencia más grande y dura del mundo. Cuando lo consigues, te ves recompensando por tu trabajo de una manera muy bonita.

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Acerca de este artículo
Series Le Mans
Evento 24 Horas de Le Mans
Pista Le Mans
Pilotos Timo Bernhard
Tipo de artículo Artículo especial
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