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Cuando los motores Ford-Cosworth dominaron la F1

La asociación entre Ford y Cosworth ha estado décadas presente en la Fórmula 1, aunque su año dorado tuvo lugar en 1973, con un dominio absoluto.

Un radiador acoplado al motor del Ford Cosworth DFV en la parte trasera del Shadow DN3 de Peter Revson

El 7 de octubre de 1973 se produjo un hito histórico en la F1: Lotus ganó el Mundial de Constructores llevando a las espaldas un motor Ford-Cosworth, seguido de otras cuatro escuderías que también portaron ese legendario V8. Una época de dominio para dos marcas que se extendió durante casi dos décadas.

La asociación de ambas empresas comenzó a finales de los años 50, cuando Cosworth se dedicó a modificar motores de Ford en competición. Y es que la marca fundada por Henry Ford ha sido muy dada a dejar que grandes mentes les llevaran a lo más alto. Sin ir más lejos, el caso de Carroll Shelby en Le Mans y la resistencia.

Volviendo a la Fórmula 1, a finales de los años 60, el fundador de Lotus Cars y director del equipo Lotus de F1, Colin Chapman, convenció a Ford para dar la oportunidad al entonces uno de los dos dueños y fundadores de Cosworth (Keith Duckworth) de construir un motor que dominara el gran circo en los años venideros.

Así nació el DFV, siglas derivadas de "doble cuatro válvulas". El diseño era 'simple': dos motores de cuatro cilindros en línea de 1.8 litros dispuestos en V con un ángulo de 90º. Y no, no era el más potente de la época. Otras escuderías, como Ferrari, tenían unidades V12 con más caballos, pero el as bajo la manga de Ford-Cosworth era su peso, entre otras cartas de un aventajado diseño.

El DFV y sus sucesivas actualizaciones dominaron la Fórmula 1 en los 20 años posteriores, ganando 167 carreras y dando a Cosworth una imagen de marca que jamás sería olvidada.

Jim Clark comenzó esa cuenta de victorias con su Lotus 49 en el Gran Premio de Países Bajos de 1967, y el motor fue usado ampliamente por escuderías como Tyrrell, McLaren, Brabham o March, entre otras.

De hecho, en los años 70, apenas había dos equipos con motores que no llevaban el sello americano: Ferrari y BRM, concretamente, eran las únicas de importancia.

Pero, en ese año 1973, llegó el golpe en la mesa definitivo: Lotus ganó el Campeonato de Constructores, seguido de Tyrrell –con quien Jackie Stewart ganó el Mundial de Pilotos–, McLaren, Brabham y March. Las cinco primeras posiciones para equipos con motores Ford-Cosworth. Y otros tres completaron el top 10, detrás de Ferrari (6º) y BRM (7º).

Un dominio abrumador como pocas veces más se ha visto en un fabricante de motores que ni siquiera tenía equipo propio. Y pudo ser un hito superado por el año 1975, donde 12 de los 13 equipos del campeonato mundial de F1 (Brabham, McLaren, Hesketh, Tyrrell, Shadow, Lotus, March, Williams, Parnelli, Hill, Penske y Ensign) llevaban esa unidad V8. Y todos fueron superados por Niki Lauda y su Ferrari 312T.

Sin embargo, como toda época de dominio, llegó el declive. En los años 80, pese a las actualizaciones y un nuevo motor DFY, la llegada de los turbocompresores se llevó por delante a los motores atmosféricos. Entre ellos, los de Ford-Cosworth. Y aunque el famoso V8 consiguió algunos puntos más con equipos como Tyrrell a principios de los años 90, fueron desapareciendo progresivamente del mapa en estas últimas tres décadas.

Algunos equipos se apoyaron en Cosworth para sus unidades de potencia, como Jordan, Lotus, McLaren o Benetton –con quien Michael Schumacher ganó el Mundial de Fórmula 1 en 1994–, Williams en 2006 o equipos de última línea como Team USF1, Hispania Racing F1 Team, Virgin Racing o Marussia.

2013 fue el último año que los motores Cosworth pisaron el asfalto de los grandes premios, pero pasaron a la historia mucho antes. Un dominio que, dado el espectro de motoristas actual –y futuro, con la posibilidad de la llegada de Audi y Porsche en 2026–, nunca se volverá a repetir en la categoría.

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