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Wayne Rainey y el reto de hacer realidad su sueño 30 años después

Treinta años después de celebrar su último título de campeón del mundo, Wayne Rainey pudo volver a subirse a su Yamaha YZR500 en una exhibición que pasará a la historia del motociclismo.

Wayne Rainey con la Yamaha YZR500

Han pasado casi treinta años desde que Wayne Rainey se subió por última vez a una moto campeona, pero el sueño del estadounidense por fin se ha convertido en realidad. En el Festival de la Velocidad de Goodwood de 2022, el tricampeón del mundo de 500cc pudo viajar al pasado y volver a subirse a la Yamaha YZR500 con la que ganó su último título en 1992.

La exitosa carrera del californiano, que dominó tres temporadas en 500cc con mano de hierro, se paró en seco después de un accidente en Misano en 1993. Su fuerte carácter fue una de las cosas que le permitió recuperarse y volver a la vida activa, ejerciendo de director de equipo en MotoGP y más tarde cogiendo las riendas de MotoAmerica.

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Sin embargo, la idea de volverse a subir a una moto de competición solo se le pasó por la cabeza durante unos días, antes de desaparecer de su mente. 

"Cuando me lesioné en 1993, en el hospital tuve la idea durante una o dos semanas de que realmente quería volver a subirme a una moto", dijo el ex piloto. "No tenía ni idea de cómo sería o si llegaría a suceder, pero era una motivación diaria y lo único que me hacía seguir adelante".

"Pero, con el paso del tiempo, la realidad se impuso y mi nueva vida era obviamente algo muy diferente a lo que había sido en el pasado, así que [la idea de] montar en moto se desvaneció".

Aparcada a un lado pero no por ello olvidada, esta idea resurgió muchos años después. Antes de que llegara la propuesta de hacerlo en Goodwood, Rainey tuvo la oportunidad de subirse a una R1 en Willow Springs y en Suzuka a finales de 2019.

"La R1 fue una moto sencilla de transformar, porque ya tenía mucha electrónica. Así que era bastante fácil subir las marchas y reducirlas, había botones para hacerlo. Podía ver en el salpicadero en qué marcha estaba", recordó Rainey sobre aquella primera experiencia sobre una moto, un cuarto de siglo después de perder la movilidad de sus piernas.

"Una de las veces que más me emocioné fue al pilotar en Suzuka y pasar por algunas de las curvas donde conseguí una de mis mejores victorias. Realmente me emocionó". 

La primera vez que Rainey volvió a subirse en una moto:

Pero el tricampeón de 500cc sabía que lograr hacer eso mismo con la moto que le llevó a lo más alto sería más complicado: "Pero cuando surgió la idea de subirme a esta moto [la Yamaha YZR500], el reto era obviamente mucho mayor. La moto tenía treinta años, no tenía electrónica, era una 500cc de dos tiempos, así que había muchas piezas que no estábamos seguros de poder quitar".

Con el apoyo activo de Lin Jarvis y Masahiko Nakajima, responsable del programa de MotoGP de Yamaha, el proyecto se hizo realidad. La YZR500 de 1992 salió del museo de la marca y pasó a manos de un experto que fue capaz de transformar la forma de controlarla, para que todos los mandos se colocaran en el manillar y Rainey pudiera volver a subirse a ella.

El 24 de junio de 2022, un Wayne Rainey algo incrédulo se encontró con un mono, un casco y una Yamaha que le había estado esperando pacientemente durante treinta años. "Cuando tuve esa oportunidad en Suzuka, y luego cuando tuve la oportunidad de pilotar mi moto de grandes premios aquí, fue... ¡guau! Nunca pensé que fuera a suceder, especialmente en un evento como este", admitió.

El reencuentro 30 años después, en vídeo:
Wayne Rainey

Wayne Rainey toma la salida en su exhibición en Goodwood

"Probablemente estaba un poco más nervioso en ese momento que en cualquier otro momento de mi carrera, más que en Suzuka. El mayor reto para mí fue poner la moto en marcha al principio, porque no tengo un buen sentido del equilibrio, así que la moto tiene que avanzar", confesó.

"Recuerdo que la primera vez que hice una salida, casi me caigo porque no iba lo suficientemente rápido. Después de eso, más o menos entiendes cómo manejar el acelerador".

"Una vez que me puse en marcha, la moto se sintió muy suave. Lo único que podía sentir realmente era el manillar, así que tuve que ajustar todo ahí, pero el motor se sentía realmente suave. Esta moto ansía estar en una pista, así que tenerla aquí en el Festival de la Velocidad, en este circuito, era perfecto para ella y para mí".

El norteamericano no tardó en comprobar el inigualable sabor de boca que te deja la máquina con la que tanto compartió hace tres décadas. "Cada vez que me subo a ella, me gustaría poder hacerlo durante más tiempo", sonrió.

Dejando a un lado la emoción inicial de volver a subirse a su antigua moto de carreras, Wayne Rainey aseguró que una de las cosas que disfrutó en especial fue el contexto en el que se produjo. La exhibición recibió el apoyo del público, pero también de varios pilotos de la época: Kenny Roberts, que fue su jefe de equipo, Kevin Schwantz, su gran rival, y Mick Doohan, subcampeón en 1991 y 1992. Cerrando el grupo se encontraba Dani Pedrosa, que no había compartido pista con ellos, pero creció viéndoles ganar.

"Correr todos juntos, con Kenny, Kevin Schwantz y Mick Doohan... Estaba seguro de que no volvería a ocurrir, así que nunca pensé en ello. Creía que podría haber una posibilidad de volver a correr, pero nunca pensé que estaría en la pista con ellos".

"Me dejaron ir primero y seguir adelante. Y estaba toda esa gente, estás tan cerca de ellos que puedes oírlos. Luego estaban todas las pantallas grandes, así que mientras pilotaba, podía ver a Kenny, Mick y Kevin allí. Cuando lo vi, me dije: 'Vaya, esto está ocurriendo aquí y ahora', y aprecié mucho que quisieran venir a hacer esto conmigo. Han pasado treinta años y el hecho de que pudiera ocurrir, era una verdadera fantasía".

Disfruta de la exhibición:
Wayne Rainey, Yamaha

Wayne Rainey lidera por delante de Kenny Roberts, Kevin Schwantz, Mick Doohan y Dani Pedrosa

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