Morbidelli no encuentra la salida
A pesar de tener la palabra de Yamaha de mantenerle en el equipo oficial el curso que viene, Franco Morbidelli está obligado a encontrar la agresividad que le pide la M1 para salir del momento más delicado de su paso por MotoGP.
La suerte del italiano es que su contrato con la marca de los diapasones expira a finales de 2023. De lo contrario, nadie entendería que pudiera mantener su puesto actual otra temporada si tenemos en cuenta los resultados que ha obtenido en el último curso y medio.
Desde que regresó de la operación en la rodilla izquierda a la que fue sometido a finales de junio de 2021, la mejor actuación de Franco Morbidelli tuvo lugar en aquel caótico Gran Premio de Indonesia, segunda parada del calendario de este 2022, en el que terminó el séptimo.
A las puertas de que el Mundial se retome el fin de semana que viene en Silverstone, el romano ocupa la 19ª plaza de la tabla general, con solo 25 puntos en su casillero. Su pobre rendimiento adquiere todavía más relieve al compararlo con el de Fabio Quartararo, su vecino de taller, el actual campeón del mundo y la referencia indiscutible de la parrilla actual.
Si el Diablo ha encontrado la forma de exprimir todo el potencial de la Yamaha hasta la última milésima, su compañero se ve incapaz de sacar partido de los puntos fuertes de un prototipo que ni hace mucho (2020) le llevó a conquistar el subcampeonato.
Para encontrar el último podio de Morbidelli uno debe remontarse al Gran Premio de Jerez del año pasado (terminó el tercero), cuando aún corría enfundado en el mono del Sepang Racing Team (SRT), y antes de la cirugía que le llevó a perderse cinco carreras y que significó un punto de inflexión a peor, en su trayectoria.
Cuando se le pregunta al interesado, él explica su falta de pegada en base al margen que todavía tiene para adaptarse del todo a su moto.
"Lo más importante es que necesito encontrar velocidad con esta moto, y para conseguirlo con esta moto es necesario ser agresivo. Y ese no es mi estilo. Intentaré utilizar este verano para ser más agresivo", reconocía tras la última prueba, en Assen, en la que se fue al suelo.
"Yamaha intenta llevar la moto a mi terreno, y yo intento acercarme un poco a aquello que ella necesita de mí", añade Morbidelli, que desde que comenzó este ejercicio cuenta con Patrick Primmer, ex jefe de suspensiones de Valentino Rossi y Jorge Lorenzo, como responsable técnico de su lado del garaje.
Después de permanecer alejado del paddock durante la pandemia, el australiano fue reclutado por el fabricante japonés para ocupar una posición nueva para él, un movimiento que causó cierta sorpresa en varios de sus colegas de profesión.
Por más que no se exprese públicamente, en Yamaha hay quien cree que el principal escollo que debe superar el #21 para salir del pozo en el que anda metido reside en su interior.
"Franco debe hacer un clic en su cabeza. La moto no ha cambiado tanto como para justificar que le esté costando tanto. La esencia de la M1 es la misma de la de los últimos años. Y con ella logró buenos resultados", cuenta a Motorsport.com una fuente de Yamaha que conoce bien al corredor.
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