¿Qué ve Yamaha en Alex Rins?
Las dudas que genera el rendimiento deportivo de Alex Rins, a raíz de la caída del año pasado en Mugello, contrastan con la confianza depositada en él por Yamaha, que en su momento le fichó lesionado y que ahora ha redoblado su apuesta al renovarle hasta 2026 a pesar de seguir tocado físicamente.
Si partimos de la base de que ningún equipo de MotoGP quiere complicarse la vida a propósito, y mucho menos uno que representa oficialmente a una marca tan relevante como la de los diapasones, la lógica lleva a pensar que existe una razón de peso para incorporar a un corredor que ofrece más interrogantes que certezas. Incógnitas que en ningún caso vienen dadas por su talento, sobradamente contrastado en los ocho años que Alex Rins lleva en MotoGP –ocho triunfos y 18 podios–. Las dudas se circunscriben a las limitaciones que puede tener en su conducción y, por extensión, en sus resultados, la herencia del accidente más aparatoso que ha sufrido el español. La caída del año pasado, durante la sprint en Mugello, le hizo añicos el tobillo izquierdo y el lateral inferior de la tibia, y le obligó a pasar por el quirófano varias veces.
Los accidentes nunca llegan en buen momento y los graves, todavía menos. Aquel no pudo darse en un contexto más desfavorable para el catalán, que acababa de ganar en Austin subido a una Honda que solo sabía exprimir Marc Márquez, cuando el mercado de pilotos estaba en plena efervescencia con vistas a 2025. De todo aquello sorprendió que Rins terminara en Yamaha, sobre todo porque cuando se firmó el contrato no había ninguna referencia aproximada del nivel físico que iba a poder ofrecer el barcelonés, que entró en una baja de larga duración y que terminaría perdiéndose más carreras (12) de las que corrió (ocho).
Si su fichaje llamó la atención, seguramente aún más lo hizo la renovación que se cerró hace un par de meses, de nuevo desde la enfermería, como consecuencia de una nueva caída, esta vez, en Assen. Aquel revolcón le provocó una nueva fractura en la pierna mala y otras dos en la muñeca derecha, la del gas, que le borró de las dos siguientes paradas del calendario (Alemania y Gran Bretaña). Hasta ese instante,
Rins solo había acumulado ocho puntos en su casillero en ocho grandes premios, y su mejor resultado era la 13ª posición conseguida en Portugal y Jerez. Un contraste con los 39 puntos que había sido capaz de rascar en esa misma ventana de tiempo Fabio Quartararo, su vecino de taller, y un bagaje más bien pobre para alguien sin una plaza asegurada en la parrilla más allá del mes de noviembre. Si a eso se le añade su precario estado físico, las perspectivas de concretar algo en MotoGP para 2025 no eran como para tirar cohetes. Pues bien, a pesar de todos los indicativos anteriores, Yamaha optó por reafirmar su compromiso con el #42, ampliando su vínculo no un ejercicio, sino dos, hasta finales de 2026.
Llegados a este punto, la pregunta es casi una perogrullada: ¿Qué ve en él el fabricante nipón? Aunque pueda sonar irreverente, hasta el propio piloto considera que la cuestión es pertinente si atendemos a sus números más recientes. "La reflexión es adecuada porque todavía no he podido demostrar todo mi potencial en una carrera. Sería muy egocéntrico tirarme flores yo mismo, pero seguramente los comentarios que hago les deben ser útiles, igual que mi método cuando de lo que se trata es de evaluar piezas concretas de la moto", responde Rins, cuando Motorsport.com le pide que ofrezca su punto de vista sobre el asunto. Algo importante debe aportar el chico al proyecto de Yamaha si Quartararo, sobre el papel su primer contrincante y el primero que quiere ganarle, hace un alegato tan evidente a su favor. "¿Qué ve Yamaha en Alex? Pues seis victorias, podios y una tercera posición en el Mundial de 2020. Además, es un piloto rápido, de los más veloces, aunque en los últimos años no ha tenido demasiada suerte por haber pasado por lesiones importantes", le radiografía el Diablo.
Davide Brivio nunca ha escondido que el muchacho de los rizos es una de sus debilidades, como lo demuestra el hecho que fuera él quien le reclutara para Suzuki, con quien debutó en la categoría de las motos pesadas (2017). "Si en Yamaha saben apreciar lo que puede ofrecer, Alex se puede quedar allí toda la vida. Es muy bueno en su faceta como desarrollador", comenta el ejecutivo italiano, actualmente director del equipo Trackhouse. Brivio sabe de qué habla: en 2017, cuando Rins debutó en MotoGP, el constructor de Hamamatsu se fió de Andrea Iannone en la elección de la configuración del motor, y resultó ser la estrategia errónea: Suzuki no logró ningún podio en toda la temporada, y su caída fue tan alarmante que en 2018 volvió a disponer de concesiones.
Otro de los que recientemente han sido sus jefes es Lucio Cecchinello, con quien coincidió en LCR la temporada pasada. "Alex tiene mucha experiencia, además de una sensibilidad y una capacidad muy elevada para desarrollar la moto. No hay que olvidar que estuvo muchos años en Suzuki, donde su aportación fue capital para el crecimiento de la moto que fue campeona en 2020. Alguien que ofrece todo lo que él tiene es un activo muy valioso. Cuando vuelva a estar al 100% será de gran ayuda para Yamaha", desgrana Cecchinello a quien escribe estas líneas.
Aquel sorprendente triunfo de Rins en Austin (2023), enfundado en el mono de la estructura satélite de Honda, sigue siendo el último del imperio del ala dorada, que circula sin rumbo y sin brújula. De hecho, si Yamaha tiene que agradecer a alguien el poder disponer del de Barcelona, es a Honda, que le maltrató a pesar haberse comprometido con él a dispensarle honores de piloto oficial. "Alex no quería irse de Honda, pero se sintió traicionado y por eso se marchó", cuenta una fuente del entorno más próximo al #42. La poca vista de HRC permitió que su competencia más directa le birlara una pieza que después echaría de menos, cuando Márquez decidió largarse a Gresini.
Motorsport.com entiende que el interés de Yamaha por Rins viene de antes de su llegada. De hecho, desde los despachos se tanteó la posibilidad de incorporarle en 2023, en el puesto de Franco Morbidelli. Si aquella vía no cuajó fue porque Yamaha acababa de romper su contrato con Maverick Viñales de la forma más traumática, y no quería volver a repetirlo tres meses después. Ahora ya lo tiene, y la renovación es la constatación del valor que le da a Rins. "El deseo de mejorar la M1 es determinante para entender la renovación, igual que lo es la recuperación de la escudería satélite para 2025", cuentan desde Yamaha a Motorsport.com.
La compañía está enfrascada en un proceso de agitación de su división técnica, que se inició este año con la llegada de Max Bartolini a la jefatura técnica, y la implementación de nuevos protocolos que persiguen acelerar el proceso de mejora de la moto, que poco a poco va dando señales positivas. Al margen de varios chasis y configuraciones de motor, en el horizonte se va haciendo cada vez más grande el propulsor en ‘V’ que debería estrenarse en el test de Valencia, posterior al último gran premio del curso. En ese momento, la opinión de alguien con la sensibilidad y experiencia de Rins probablemente justificará la insistencia de Yamaha, primero al ficharle y después al mantenerle.
Mira: Así será el calendario de MotoGP en 2025
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