Mazda 787b: cuando un "hypercar" rotativo dominó Le Mans

Le Mans 1991 fue una edición especial: la primera victoria de un equipo japonés y además, la única de un coche con motor rotativo Wankel.

Mazda 787b: cuando un "hypercar" rotativo dominó Le Mans

A finales de la década de los '80 y principios de los '90, Le Mans era terreno de Porsche y Jaguar. Los grandes fabricantes de automóviles del mundo apostaban mucho por ganar la que es, seguramente, la carrera más icónica del planeta.

El fabricante alemán, con su Porsche 936/81, 956 L y 962C había ganado siete años seguidos (desde 1982 a 1987). Entonces, Jaguar y Sauber-Mercedes tomaron el relevo con sus icónicos XJR-9LM y el Sauber-Mercedes C9. Era el apogeo de los Grupo C.

Esta categoría tenía una limitación de peso mínimo de 800 kg y una capacidad máxima de combustible de 100 litros. En Le Mans había ganado casi todo el mundo, menos un fabricante japonés.

Mazda decide apostar con riesgo.

Los motores convencionales de combustión mediante pistones eran la norma, y nadie concebía algo diferente. El humilde fabricante japonés, por su parte, llevaba algunos años fabricando automóviles de calle con el motor rotativo Wankel (como el RX-7), y la decisión de construir un bólido con ese sistema, nació a finales de los 80.

Surgió entonces el Mazda 787 en 1990 y su top spec  (787b) en 1991, para participar en la prueba de resistencia francesa:

  • Motor Wankel central-trasero de 4 rotores con 3 bujías por rotor y 2600cc.
  • Una potencia que se estimaba en 900cv a 10.000rpm.
  • Frenos de disco brembo de carbono en las cuatro ruedas y suspensiones Bilstein.
  • Llantas del fabricante japonés Rays.
  • Carrocería de fibra de carbono y kevlar.
  • Y solo 830 kg de peso.

Todas estas especificaciones combinadas otorgaban una aceleración al Mazda 787b de 0-100 km/h inferior a los 3 segundos; y pese a los detractores del motor rotativo, una fiabilidad enorme, más allá de los rumores sobre su gran consumo de aceite y delicadeza. Nada más lejos de la realidad para un equipo de mecánicos e ingenieros muy bien preparados.

Mazda 787B

Una hazaña que no volverá a repetirse (por el momento).

Contando con el apoyo de personalidades tan destacadas en su desarrollo como el piloto de Fórmula 1, Jacky Ickx (que intercedió con la FIA para mantener una limitación baja de peso en los coches con motor rotativo), se inscribieron en Le Mans en 1991 dos 787b y un viejo 787. Finalmente, se alzó con la victoria el top spec dorsal 55.

Los pilotos de la marca japonesa a los mandos de la máquina fueron Volker Weidler, Johnny Herbert y Bertrand Gachot. El jefe de equipo, Takayoshi Ohashi, apostó por la increíble fiabilidad del bólido, y alentó a los pilotos a ir al máximo de sus capacidades desde el primer minuto.

Otros equipos pensaron que a esas revoluciones y nivel de conducción, no terminarían la carrera. Pero, saliendo 19º, casi a la mitad del evento y con Herbert al volante, se pusieron 3º.

Entonces, uno de los dos Sauber-Mercedes C11 que iban primeros, tuvo un accidente. ¿Al volante? Un jovencísimo Michael Schumacher. Más tarde, el otro Mercedes, llegando al final de la carrera, tuvo un problema y paró en boxes.

Volker Weidler, Johnny Herbert, Bertrand Gachot, Mazda 787B

Después de 20 horas por el asfalto de Le Mans y muchísima emoción en el fabricante nipón, el Mazda 787b #55 se ponía primero, y terminaba ganando la mítica prueba de resistencia.

Tras la victoria y (se presupone) las quejas de los rivales de los japoneses, la FIA prohibió al año siguiente los motores rotativos. Para siempre.

Y allí acabó una historia como lo son las buenas hazañas de las carreras: inesperadas.

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