Mick Schumacher: "Pensaba que estaba listo para la IndyCar, pero no"
Mick Schumacher hizo balance de sus primeras carreras en la IndyCar: las valoró positivamente, aunque sabe que debe pulir varios aspectos.
Para Mick Schumacher, dar el salto al otro lado del charco fue más que un simple cambio de aires: fue lanzarse a la piscina. Tras sus primeros pasos en la IndyCar, el alemán ha hecho un balance sincero.
A pesar de sus años de experiencia en la Fórmula 1 y de haber ganado el campeonato de Fórmula 2, el hijo de Michael Schumacher se dio cuenta de que en Estados Unidos las cosas funcionan de otra manera. Su conclusión tras las primeras citas fue clara: "Pensaba que estaba preparado, pero no lo estaba".
Ya antes de la salida de la primera carrera, en St. Petersburg, se enfrentó a retos insospechados. Quien está acostumbrado a la estricta jerarquía de los monoplazas europeos, experimenta un auténtico choque cultural en la IndyCar.
Y es que los aficionados tienen acceso, justo antes de que arranque la carrera, a la zona de la salida, que en Estados Unidos se encuentra en el pitlane, y por eso están justo al lado de los coches. En la parrilla de salida, reina el bullicio por todas partes. "Al principio ni siquiera sabía qué hacer", ha confesado Mick en su último vídeo de YouTube. "Estuve dando vueltas buscando mi coche y a mi equipo".
Fans de la IndyCar
Foto de: Penske Entertainment
Pero no solo el entorno era nuevo. Un cambio muy trivial fue el que más quebraderos de cabeza le causó al teutón: el sistema imperial. Mientras que en Europa todo se mide en kilómetros y grados Celsius, Schumacher tuvo que acostumbrarse en un santiamén a las millas y los grados Fahrenheit. "Eso fue lo más difícil", se ríe ahora al recordar el cambio en la radio y en la cabina.
Schumacher no tiene mucho que contar sobre la carrera de St. Petersburg; al fin y al cabo, solo llegó a dar cuatro vueltas antes de verse envuelto en un accidente. "Fue una carrera corta, pero hemos aprendido mucho. Y eso es lo que importa: sacar el máximo provecho de cada fin de semana. He aprendido muchísimo y me he llevado mucha información".
La dura escuela de los óvalos
Por supuesto, el segundo fin de semana de carreras en Phoenix fue el que más huella dejó, ya que supuso su debut en un óvalo. Mientras que la clasificación en el óvalo corto, con la cuarta posición en la parrilla, salió a la perfección, en la carrera se produjo un rápido desengaño cuando, en la fase inicial, fue adelantado por muchos rivales.
Schumacher aprendió rápidamente que una vuelta rápida por sí sola no vale nada en un óvalo si no estás ahí desde el principio: "Fue una locura. Intenté estar totalmente abierto a todo y lo mejor preparado posible. Pensaba que estaba listo. Pero no estaba preparado para eso. Fue caótico, por todas partes venían coches por la izquierda y por la derecha".
Sin embargo, al shock inicial le siguió rápidamente la constatación de que podía mantener el ritmo. Cuando se estabilizó, en torno al décimo puesto, las cosas empezaron a funcionar: "Cuando encontré mi ritmo, las cosas mejoraron. Pero hay muchos aspectos en los que aún podemos mejorar".
Pero, en última instancia, hay que verlo de forma positiva, porque el aprendizaje fue enorme. Junto con su entrenador, Ryan Briscoe, analizó los errores de inmediato. "Me dijo: 'Si pudieras volver a correr la carrera con toda la experiencia que acabas de adquirir, harías muchas cosas de otra manera'. Y es cierto. Yo haría muchas cosas de otra manera. Y es bueno saberlo para la próxima vez que corramos en un óvalo corto".
Por supuesto, la presión del público es inmensa. Precisamente con la cuarta posición en la parrilla, Schumacher podría haber alimentado falsas expectativas para esta fase temprana de su carrera en la IndyCar. Pero se mantiene fiel a sí mismo: "Sí, habrá gente que ejerza mucha presión. La presión forma parte de mi vida. Y siempre tengo la sensación de que cuanto mayor era la presión, mejor me volvía. Y, al fin y al cabo, nadie podrá presionarme más que yo mismo".
La empinada curva de aprendizaje es necesaria, porque el mayor punto culminante ya se vislumbra en el horizonte: la legendaria Indy 500. Tras la experiencia en el circuito corto de Phoenix, no hay más carreras en óvalos antes del 'Brickyard'. En el superspeedway le esperan retos completamente nuevos.
Antes, aún queda una carrera en un circuito permanente, en el rutero de Indianápolis (después de la pista urbana de Long Beach), un terreno más familiar para el piloto de 27 años.
Mick se muestra combativo: "El objetivo es que todo salga de forma natural y sin esfuerzo. Que ya no tenga que pensar en lo que hago, sino solo en cómo hacer que el coche vaya más rápido. Queremos estar en cabeza. Eso es lo que quiere todo el mundo. Es un campeonato muy reñido y tenemos que seguir luchando y trabajando para poder estar ahí delante de forma habitual".
Comparte o guarda este artículo
Suscríbete y accede a Motorsport.com con tu ad-blocker.
Desde la Fórmula 1 hasta MotoGP, informamos directamente desde el paddock porque amamos nuestro deporte, igual que tú. Para poder seguir ofreciendo nuestro periodismo experto, nuestro sitio web utiliza publicidad. Aún así, queremos darte la oportunidad de disfrutar de un sitio web sin publicidad y seguir utilizando tu bloqueador de anuncios.
Mejores comentarios