El DS N°7 llega a la carretera... ¡con la Fórmula E dentro!
Durante las primeras pruebas internacionales del DS N°7, todos los conductores podrán descubrir sus nuevas tecnologías a bordo. Algunas de ellas deben su rendimiento a la Fórmula E.
Taylor Barnard, DS Penske, Maximilian Gunther, DS Penske
Foto de: Germain Hazard / DPPI
A primera vista, la relación entre un SUV y un monoplaza eléctrico de Fórmula E no parece evidente. Sin embargo, detrás del confort, el silencio y el refinamiento que caracterizan a DS Automobiles se esconde otra realidad. Algunas de las tecnologías incorporadas en este nuevo modelo proceden de las casi once temporadas de la marca francesa en la Fórmula E.
Desde su llegada al campeonato eléctrico en 2015, DS ha convertido su participación en un auténtico laboratorio de innovación, utilizando sus coches de competición como bancos de pruebas rodantes. Y aunque la marca presume de un impresionante palmarés con cuatro títulos mundiales en Fórmula E, la transferencia tecnológica a los vehículos de producción también se considera uno de sus grandes éxitos.
Más allá de la visibilidad que aporta, el automovilismo permite a los fabricantes probar, desarrollar y perfeccionar tecnologías que posteriormente se trasladan a sus modelos de calle. Así es como DS Automobiles ha aprovechado su larga trayectoria en la disciplina para desarrollar su experiencia en la optimización energética de sistemas de propulsión electrificados.
La recuperación de energía, una cuestión clave
Contrariamente a lo que se suele pensar, la principal lección aprendida en la Fórmula E no tiene que ver con la búsqueda de potencia. Los distintos motores eléctricos disponibles en el mercado, aunque pueden ser más o menos eficientes, representan un desafío menor comparado con la gestión de la energía. Y, más concretamente, con la recuperación de la energía cinética generada durante las fases de desaceleración y frenada.
Es en ese momento cuando las baterías recargan sus celdas, permitiendo que el vehículo recorra una mayor distancia con la misma capacidad energética. En una carrera de Fórmula E, donde los pilotos solo utilizan toda la potencia del coche durante las fases de Attack Mode —un máximo de ocho minutos—, el verdadero reto está en otro lugar. La diferencia la marca la capacidad de los monoplazas para devolver energía de forma inteligente a la batería, utilizarla eficazmente y llegar al final de la carrera luchando por las posiciones de cabeza.
Los actuales monoplazas de tercera generación pueden recuperar hasta 600 kW durante las frenadas, una cifra muy superior a la de cualquier vehículo de producción. En determinadas fases de carrera, más del 45% de la energía utilizada procede de la regeneración; sin ella, los monoplazas ni siquiera podrían completar la distancia de carrera. Las enseñanzas obtenidas en estas situaciones benefician hoy directamente a los clientes de DS Automobiles.
Fórmula E y el DS N°7: convergencia tecnológica
Para alcanzar el máximo rendimiento en competición, los ingenieros de DS Performance, la división deportiva de la marca, han desarrollado algoritmos extremadamente sofisticados capaces de gestionar en tiempo real el nivel de recuperación energética, el equilibrio entre frenada mecánica y regenerativa, la estabilidad del vehículo durante la desaceleración, la temperatura de la batería y el estado óptimo de carga para maximizar la eficiencia.
Este conocimiento se ha incorporado directamente al software de gestión energética del DS N°7, que ofrece hasta 740 kilómetros de autonomía en su versión FWD Long Range. Al volante, esto se traduce en un sistema de recuperación de energía especialmente avanzado, suave y agradable, capaz de adaptar su funcionamiento a las condiciones de conducción.
Ya sea en tráfico urbano o en una carretera de montaña, el vehículo recupera energía de forma progresiva, evitando las transiciones bruscas que caracterizaban a algunos modelos eléctricos de primera generación. Además, la electrónica del DS N°7 contribuye a ofrecer aceleraciones más progresivas, limitando el efecto del elevado par instantáneo al arrancar, algo que a menudo resulta incómodo para los pasajeros.
El software, nuevo motor del rendimiento
Si echamos la vista atrás, veremos que las transferencias tecnológicas entre competición y producción estaban tradicionalmente ligadas a elementos mecánicos o de seguridad. Es el caso de los frenos de disco, probados en competición en las 24 Horas de Le Mans durante los años 50; de los turbocompresores, desarrollados gracias a la Fórmula 1 en los años 80; o de las cajas de cambios automáticas con levas en el volante.
Maximilian Gunther, DS Penske
Photo by: Julien Delfosse / DPPI
Hoy, en plena evolución del automóvil eléctrico, la Fórmula E permite a DS Automobiles probar y desarrollar tecnologías a escala real que terminan beneficiando a los conductores en su día a día.
En un monoplaza de Fórmula E se analizan constantemente varios miles de parámetros, incluyendo la temperatura de las celdas, los flujos de energía, el rendimiento de la regeneración, el estado del inversor —el componente que transforma la corriente continua de la batería en corriente alterna para alimentar el motor— y la eficiencia de los propulsores eléctricos.
El objetivo es aprovechar cada electrón con las menores pérdidas posibles, algo que se traduce directamente en una mayor autonomía. El sistema selecciona automáticamente la estrategia más eficiente en función del perfil de la carretera, el nivel de carga o las acciones del conductor. En otras palabras, el coche optimiza continuamente su funcionamiento y utiliza la batería de forma más inteligente sin necesidad de intervención por parte del usuario.
Sin el trabajo realizado por los ingenieros y pilotos que han desarrollado las tres generaciones de monoplazas de DS, los clientes de la marca no disfrutarían hoy de este nivel de rendimiento.
La eficiencia aerodinámica, otra lección aprendida en los circuitos
La Fórmula E también ha enseñado a los ingenieros a considerar cada detalle estético —que en realidad es un elemento aerodinámico— como una posible fuente de ahorro energético.
En la Fórmula E, la carrocería está determinada por el reglamento, pero aunque las velocidades alcanzadas en competición sean muy distintas a las de un coche de calle, los principios físicos son exactamente los mismos. Cada evolución ha permitido comprender mejor el impacto de la aerodinámica sobre el consumo energético, reducir la resistencia al avance y aumentar la autonomía.
En el DS N°7, estas enseñanzas se han aplicado mediante manillas de puertas enrasadas con la carrocería, paneles inferiores optimizados aerodinámicamente y un trabajo específico sobre el flujo de aire alrededor de las ruedas y del frontal para reducir las turbulencias.
También aquí, cada detalle cuenta. Porque una mejora aparentemente pequeña puede traducirse en varios kilómetros adicionales de autonomía.
DS Automobiles
Photo by: Julien Delfosse / DPPI
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