GP de Brasil 1988: un domingo de Pascua para olvidar para Senna
El domingo de Pascua de 1988, la Fórmula 1 inauguró una nueva temporada en Brasil, en la tierra de Ayrton Senna, pero para él sería un día para olvidar...
Domingo 3 de abril de 1988. Hace ya 35 años, el mundo de la Fórmula 1 estaba preparado para dar el pistoletazo de salida a una temporada que pasaría a la historia por la gran superioridad de McLaren y su MP4/4, un coche que ganó 15 de las 16 carreras, creando un duelo recordado históricamente entre sus dos pilotos, Ayrton Senna y Alain Prost.
Fue un año que también marcó el final de los monoplazas turboalimentados: éstos, a partir de la campaña siguiente, iban a desaparecer para dejar paso a los motores atmosféricos.
Ese domingo de Pascua, en la parrilla de salida del circuito de Jacarepaguà, en Río de Janeiro, todo estaba listo para el inicio del 42º Campeonato del Mundo de la Fórmula 1. El autódromo de Río de Janeiro se convirtió en una primera cita en la que todos se dieron cuenta inmediatamente de la ineficacia de las nuevas reglas, que tenían el objetivo de igualar el equilibrio entre los antiguos motores turboalimentados y los aspirados de nueva generación.
Una polémica que ya había dado mucho que hablar durante las pruebas previas en Imola, donde las altas expectativas rebosaban sobre todo en Ferrari: muchos apuntaban a que los coches pilotados por Berger y Alboreto estarían al frente de la parrilla, pero esas expectativas se vieron rápidamente defraudadas por los tiempos reflejados en la pista, unos cronos que ni con suerte lograban acercarse a los de Senna y Prost, con el portentoso motor Honda V6 turbo.
Aficionados de Ayrton Senna presentes en el GP de Brasil de 1988.
La fortaleza de McLaren se puso de manifiesto en la primera sesión de clasificación de la temporada. Ayrton Senna se llevó la pole, por delante del Williams de Nigel Mansell, Alain Prost y el Ferrari de Berger. En la tercera fila, apareció el vigente campeón, Nelson Piquet, al volante del Lotus 100T, junto al otro Ferrari de Alboreto.
Todo parecía presagiar un dominio incontestable para el piloto local. Pero, como nos ha enseñado ya muchas veces la imprevisibilidad de la Fórmula 1, salir desde la pole position no siempre garantiza acabar en lo más alto del podio.
Tras la vuelta de formación, instantes después de encenderse el semáforo, Senna levantó el brazo y todo se detuvo, la salida se aplazó, y el brasileño completó una vuelta con la caja de cambios bloqueada, por lo que tuvo que entrar en boxes y empezar la carrera desde el pitlane.

Del primero, al último. Irónicamente, justo el día anterior, Senna había dicho que era genial estar en la pole position en el circuito que lleva el nombre de Piquet: ahora, se encontraba en el pitlane.
El de Senna no fue el único contratiempo. También Ivan Capelli, a causa de una humareda en su March 881, se vio obligado a salir desde el pitlane junto a su compañero, Mauricio Gugelmin, perjudicado por unos problemas en la caja de cambios. Mucho peor fue el problema de Oscar Larrauri y su EuroBrun, quien tuvo que abandonar por un problema eléctrico.
Tras la segunda vuelta de calentamiento, Nigel Mansell pasó a tener vía libre para la salida, pero fue alcanzado por el McLaren de Prost. El francés, en pocas curvas, consiguió abrir un hueco de unos dos segundos sobre el resto del pelotón, mientras que por detrás, Berger adelantaba a Mansell y se colocaba segundo, por delante de Piquet, Alboreto y los dos Benetton de Boutsen y Nannini.
Por detrás, Ayrton Senna empezó una increíble remontada desde la 21ª posición. En sólo diez giros, llegó hasta la octava plaza y dejó atrás a Satoru Nakajima para centrarse en los dos Benetton.
En la vuelta 19, Mansell entró en boxes más por precaución que por la necesidad de un cambio de neumáticos. Su Williams, cuando estaba rodeado por los mecánicos, vio como su motor se paró y tuvo que abandonar, un problema que se replicó en el McLaren de Senna, que en la vuelta 27 también entró a boxes y vio como su MP4/4 se apagaba.
Afortunadamente, su monoplaza se reinició y pudo volver a la pista sin perder demasiado tiempo. En ese momento, por fin, todo parecía ir en la dirección correcta, hasta que los directores de carrera le sacaron una bandera negra ante su mirada incrédula... ¡Estaba descalificado!
¿El motivo? Su monoplaza "mula" no era apto para ser utilizado en la carrera.
Senna, muy triste ante la mirada de un público decepcionado, regresó una vez más a los boxes, pero esta vez sin volver a la pista, poniendo fin a la primera carrera de la temporada con un cero. Ese fue un domingo de Pascua para olvidar, ya que mientras tanto, su compañero, Prost, cruzaba la línea de meta en la primera plaza, por delante de Berger y Piquet.
Ese fue un comienzo amargo para Ayrton Senna, que acabó transformándose más tarde en un epílogo histórico en Suzuka. Pero esa es otra historia...
Podio del GP de Brasil de 1988: Alain Prost, Gerhard Berger y Nelson Piquet
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