Se elevó la temperatura y el ambiente en el Hermanos Rodríguez

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Se elevó la temperatura y el ambiente en el Hermanos Rodríguez
1 nov. 2015 23:33

El día de la carrera vivió el mejor ambiente del fin de semana de la F1: banderas mexicanas, máscaras de luchadores y el coro del Cielito Linto, le dieron color al día.

Fans en las tribunas
Fans en la tribuna
Fans en la tribuna
Fans en la tribuna
Fans en la tribuna
Fans en la tribuna
Fans en la tribuna
Fans en la tribuna

Llegó el día de la carrera y todo pareció llegar en exceso al Gran Premio de México: los aficionados llegaron más temprano que nunca; el sol brilló en el firmamento como no había pasado en el fin de semana y la sinfonía de los motores elevó la adrenalina de la afición a punto de ebullición.

Así, el 1 de noviembre de 2015 quedará en el anecdotario por varias razones: rompió el ayuno de 24 años sin competencias de la máxima categoría en la capital mexicana; se conmemoró el aniversario luctuoso 53 del fallecimiento del legendario piloto local Ricardo Rodríguez, además de ser testigo del primer triunfo de un volante alemán en al Gran Premio de México en la persona de Nico Rosberg.

La afición, al igual que lo había hecho el viernes y el sábado, no se cansó de apoyar a Sergio Pérez. Desde el desfile de pilotos, el volante de Force India recibió las ovaciones más sonoras. 

Luego llegó el emotivo momento de la arrancada, en el que el Himno Nacional mexicano unió las voces de los asistentes, sólo para darle pasó a la emoción de la velocidad.

Fue en la tribuna del Foro Sol donde comenzaron a darse lo momentos más singulares y el mejor ambiente; cantos como el del Cielito Lindo y porras,  las cuales vivieron un momento climático a la altura de la vuelta 51, cuando Checo se lanzó al rebase sobre Max Verstappen.

Los gritos fueron ensordecedores. El grito de la tribuna cimbró hasta el centro de la tierra.

Como un premio que pareció predestinado, fue ahí, frente ala tribuna del Foro Sol que se llevó a cabo la ceremonia de premiación.

Los gritos de reconocimiento a Nico Rosberg, Lewis Hamilton y Valtteri Bottas conmovieron a unos pilotos que se sintieron en la cima del mundo, coronados con sus sombreros de charros.

Con el atardecer se desvaneció el ambiente y las tribunas se vaciaron, pero en el corazón de los aficionados iba todavía ardiendo la emoción de un domingo de Fórmula 1.

 

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