'El quite del perdón', por Jacobo Vega

En su última columna, Jacobo Vega, director de Motorsport.com España, valora la ausencia de Lewis Hamilton del evento de la F1 en Londres y cuestiona su preparación para un GP que dominó de principio a fin.

El mundo de la tauromaquia está lleno de liturgias, de códigos y de leyes escritas y no escritas. El maestro sevillano Pepe Luis Vázquez, cuando tenía una mala tarde, una de esas en las que no pegaba ni un mal muletazo, lo arreglaba con el llamado quite del perdón. Se hacía en el último toro, cuando el diestro acallaba las protestas de los aficionados por su mal desempeño con su lote y se iba de la plaza dejando un buen sabor de boca entre el respetable.

En Silverstone, Lewis Hamilton llegó el jueves teniendo que soportar una aluvión de críticas y de chistes por parte de la prensa y los aficionados de su país. El motivo fue su ausencia de la exhibición que había programada en Londres, antes de la carrera.

Una ausencia injustificada, teniendo en cuenta que todos los demás pilotos de la parrilla estuvieron presentes en Trafalgar Square, que el evento tenía lugar en la capital de su país y que Liberty Media había puesto mucho empeño en este show para mostrar al mundo como quieren que sea la F1 a partir de este momento.

Hamilton prefirió coger su jet privado e irse con unos amigos a pasar dos días de fiesta a la isla griega de Mikonos. Su explicación, y la que le dio su jefe Toto Wolff a los fans que acudieron a Trafalgar Square el miércoles fue que la temporada estaba siendo muy dura y que la mejor manera de preparar el GP de Gran Bretaña era precisamente con sus amigos en Mikonos.

Hamilton siempre presume de que para él lo más importante son los aficionados, que él vive para ellos y que no sería nada sin su apoyo, pero lo cierto es que el miércoles dejó de lado a miles de fans que querían verle deslizando el Mercedes por las calles de Londres o, al menos, subido al escenario.

"Si Hamilton no fuera famoso ni tuviera un jet privado, nos enseñaría los cereales del desayuno o subiría un selfie en la plaza de su pueblo"

Hamilton utiliza mucho las redes sociales, tiene más de 4 millones de seguidores en Instagram y otros tantos en Twitter, pero realmente lo que hace Hamilton no es interactuar con sus fans, es convertir su vida privada en pública y enseñar a todo el que lo quiera ver lo bien que se lo pasa y lo feliz que es. Esa especie de exhibicionismo del siglo XXI que nos llega cada día a través de las redes. Si Hamilton no fuera famoso ni tuviera un jet privado, nos enseñaría los cereales del desayuno o subiría un selfie en la plaza de su pueblo.

Y ustedes me dirán: “Es su vida, que haga lo que quiera”. Y tendrán razón, puede hacer lo que quiera. Yo sólo critico que nos tome por tontos y que su ausencia de Londres el miércoles no tiene justificación alguna y menos la que nos ofreció.

Dicho esto y centrándonos en el tema deportivo, Hamilton hizo un fin de semana perfecto en Silverstone, ni más ni menos lo que se esperaba de él. Sabía que ceder puntos a Vettel hubiera sido ponerse el campeonato muy cuesta arriba y, además, necesitaba reconciliarse con su público y demostrar que realmente, irse de fiesta a Mikonos era lo mejor para su preparación.Tres por uno, como en Carrefour.

Hamilton logró hacer una de las mejores sesiones de clasificación que le recuerdo, metiendo medio segundo a Kimi Raikkonen y siete décimas a Vettel y Bottas. Dejando claro el poderío que Mercedes tiene los sábados, como bien señaló Sebastian Vettel.

En carrera no tuvo excesivo trabajo, hizo una buena salida y se dedicó a abrir hueco en las primeras vueltas, tras el coche de seguridad, para dejar a Kimi fuera del alcance del DRS, al más puro estilo Seb cuando reinaba con Red Bull. Esta vez no hubo malas estrategias, ni reposacabezas díscolos. Hamilton dominó de principio a fin el GP de su país sin cometer ni un solo error.

"Bajó a saludar al público, choco todas las manos que le salían al paso y se tiró encima de los fans como si fuera una estrella del rock"

Lo mejor vino después de la bandera a cuadros. Hamilton había conseguido todo lo que se había propuesto al llegar el jueves al circuito, ganar, convencer y además, gracias al reventón del neumático de Vettel, quitarle valiosos puntos al piloto que, todavía, lidera el mundial.

Una vez que terminó la ceremonia del podio, Lewis se dio su particular baño de masas, bajó a saludar al público, choco todas las manos que le salían al paso y se tiró encima de los fans como si fuera una estrella del rock. Quiso dejar claro que no estuvo en Londres pero que corre y gana por sus fans. Como los grandes toreros, como Pepe Luis Vázquez, ejecutó su particular quite del perdón y los aficionados, claro, le perdonaron.

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