Pegaso, el caballo volátil

Angelo Della Corsa nos habla de las historia y sus mitos en su columna ¡A Mil Por Hora!

Por algo la mitología de los pueblos ha ideado figuraciones o estampas que quedan en el imaginario para siempre, sea la del unicornio, la de un grifo o la de un centauro. Cuando Enzo Ferrari hizo sus primeros coches pensó que un caballo relinchando iría darle tal personalidad a sus bólidos. Y vaya que lo logró.

En otro campo de la locomoción, hace ya algunos lustros, estuvo entre nosotros el emblema de un pegaso a pleno vuelo para representar al lubrificante de Mobiloil que ahora, ha optado mejor por su logo-marca hecha sólo con letras. Aunque ese animal fantástico, que galopa y vuela, es maravilloso ¿a quién no le gustaría cabalgar en uno? 

Tratándose de la F1, su concepto antagónico por más que se abuse de él, es el hecho de remontar el vuelo. Ya que toda la tecnología trabaja para hacer exactamente lo contrario: que los bólidos se peguen cuanto más posible sea, al asfalto. Es decir que un escorpión puede ser la imagen más asertiva, o tal vez la cobra.

Con una alegoría o con la otra, sesenta y cinco años de historia a toda velocidad ya dan tema para una conversación que nunca termine, igual que ha ocurrido con Scherezada dando cuenta de Las Mil y Una Noches. Se ha conversado antes, de la singularidad de algunos los corredores más distinguidos en el tiempo, debido a la imposibilidad de abordarlos a todos. Hay un listado que casi llega a los mil, oficialmente, registrados.

Lo más común es hablar de Michael Schumacher, pasando por Jim Clark y Ayrton Senna como los ejemplares de siempre para que regalen una leve idea de los personajes que hicieron época. Pero hay que pensar en Piero Taruffi, Wolfgang von Trips, Elio de Angelis, Niki Lauda, Gilles Villeneuve, Nelson Piquet o Nigel Mansell y corroborar que todo listado es una sucesión de patronímicos bien intencionado, pero incompleto por sí mismo.

No es raro que se aluda a Nuvolari, sin que él haya estado en ninguna carrera oficial. Desde que empezó este viaje con Motor Sport Latinoamérica ha subyacido un fervor: desear que la fortuna corra a favorable y se pueda tratar de los detalles de cada campeón que ha habido y de quienes, asimismo, fueron importantes, aún sin coronarse jamás. 

Lo que no quiere decir que se vaya a dejar de lado, el tratar a fondo el tema de cuantos coches han escrito parte de las leyendas; aunque sea poco a poco y sin llegar al enfado. Porque ha de saberse que en la historia de este deporte se ha visto pasar un desfile asombroso que empezó 1950 y ya llegará pronto al año 2016. Del que según se dice, traerá cuando menos una nueva marca de autos a la competición, y hará cambios de nombre en los que hoy están en liza. Regresará Renault. Manor es posible que cambie de manos o reciba a nuevos socios. Se rumorea mucho sobre Aston Martin y quién sabe cuántas historias más ya están en la plática de los aficionados y los expertos.

No debe de olvidarse, en última instancia, que se trata de carreras de autos.

Todo mundo habla de inmediato de Ferrari, como si fuera la única marca en la historia. Habrá que recordar entonces, que Enzo, Il Commendatore, primero quiso ser piloto y ya cuando optó por ser constructor: se inspiró en carros preexistentes para llegar al altar de lo más Sport que ha habido —sobre llantas— desde siempre.

Entonces, tomar en cuenta que cuando los rojos nacieron, ya eran adultos los nombres de Alfa Romeo, Lancia y Maserati los verdaderos resortes del primer impulso. Sin soslayar tampoco, que ya estaban desde antes de las jornadas iniciales de la Fórmula, los autos Cooper, los monolugares de Simca, y los descapotados de Talbot; así como los monoplazas de BRM y también los bólidos Vanwall.

Después, hicieron presencia algunas marcas esenciales: Toleman o Matra y los Tyrrell o los Ligier, sin dejar de lado a: Larousse, March, Osella, Benetton o Minardi. Otros tan sonoros, como Lola y Dallara. Asimismo, muchos títulos o nombres que el paso de los calendarios borró, cual el de los: Alta, HWM y los Veritas y Auto Union.

Hubo una multitud de apellidos —sobre todo de equipos estadunidenses— que se motorizaban con Offenhauser. De igual suerte, están inscritos emblemas y apelativos de mucho abolengo, que se barajaron en sus días, y pronto dejaron de participar en El Circus ¿Quién no se debe de quitar el sombrero con denominaciones como las de: Bugatti, Jaguar y Lamborghini? Todo el mundo sabe de la importancia de llamarse: Porsche, Honda, BMW o Toyota. Apellidos o distintivos, que dejaron su huella en la liga suprema de la categoría por excelencia.

Como ocurre al querer hablar de los grandes timoneros, hacer el recuento de cada auto, implica una enciclopedia. De manera que, hay que resumir que la estadística más seria, da información y datos hasta de 159 equipos, oficialmente registrados en su momento. Entre ellos, unos proyectos que no fraguaron del todo, pero que allí anduvieron, como fue el caso de: Aguri Suzuki y de Monteverdi. También Prost o Stewart, quienes siendo conductores, estaban seguros de que podían asimismo ser patrones de equipos, como en su momento sí que lo consiguieron cuajar de maravilla Jack Brabham o Bruce McLaren.

Acaban de pasar los Grandes Premios de México y de Brasil, viene la cosa muy adecuada para traer a colación, que en su momento, se hizo la lucha por competir con coches de Fittipaldi y de Rebaque. Pero querer es muy diferente a poder. Lo que no niega la importancia de estos intentos, en sus felices días.  

Amigable mente,

Ángelo della Corsa

 

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Acerca de este artículo
Series F1
Equipos Ferrari
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