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OnTrack: El virtuoso Verstappen

Lo de Max Verstappen en el Gran Premio de Brasil es una de esas exhibiciones que deben quedar en la historia de la Fórmula 1 por sus excepcionales antecedentes y resultados.

Max Verstappen, Scuderia Toro Rosso STR10
Nico Rosberg, Mercedes AMG F1 W06 y Lewis Hamilton, Mercedes AMG F1 W06
Lewis Hamilton, Mercedes AMG F1 W06
Nico Rosberg, Mercedes AMG F1 W06 y Lewis Hamilton, Mercedes AMG F1 W06
Nico Rosberg, Mercedes AMG F1 W06 y Lewis Hamilton, Mercedes AMG F1 W06

Rebasar es un arte. No se trata de uno menor, sino que es de esas manifestaciones donde se destacan talento, astucia, precisión, en fin. Y también se pone en juego la vida.

Lo de Max Verstappen en el Gran Premio de Brasil es una de esas exhibiciones que deben quedar en la historia de la Fórmula 1 por sus excepcionales antecedentes y resultados.

Sin entrar en alegatos sobre el futuro de Max, si es momento de guardarlo y hacerlo madurar antes de colocarlo en un equipo grande y todo eso, hay que resaltar su virtuosismo.

En la época de cortes y príncipes se forjó el concepto, sus exponentes sólo fueron aquellos que dominaron excepcionalmente un arte ó técnica y pudieron sorprender a sus escépticos y reales mecenas. Desde mi punto de vista Verstappen es uno de estos iniciados.

No todo es cosa de frenar metros más profundo y de acelerar centímetros antes que los demás, Max tiene un repertorio extenso que hemos atestiguado en diferentes carreras.

Vienen rápido a la memoria los ataques exteriores en curvas como Blanchimont en Spa o la 130R en Suzuka, ambos a más de 300 km/h, o bien, las clavadas internas que pudo lograr en circuitos tan dispares como Monza o Singapur.

Pero quisiera detenerme en lo sucedido en Interlagos. El Toro Rosso no tiene motor si lo comparamos a sus rivales en la zona media de la parrilla, por lo que el potencial debía extraerse en el segundo sector, el más trabado de la pista.

En curvas como Laranjinha, Pinheirinho, Pico de Pato, Mergulho y Juncao, cinco consecutivas, Verstappen se ‘estableció’ en cada maniobra para tirar los bombazos en el cierre de las zonas menos favorables para su auto: la subida de boxes y la recta de la tribuna principal.

Fallar en alguna de las curvas lentas le hubiera significado perder lo que llaman ‘momentum’ (posición, trayectoria, tracción, todo junto), Verstappen fue capaz de sacar velocidad en la zona lenta y no perderla jamás, antes de lanzarse a la captura de sus víctimas.

Después, rebases, la ejecución final. Lo hizo por fuera dos veces, contra Checo y contra Nasr, teniendo el momento más explosivo frente al mexicano que le dio apenas milímetros para maniobrar antes de salirse de pista o tocarse rueda a rueda, y tomó ambas opciones.

El chico sabe frenar en un centavo y lo hace volteando a ver los ojos del enemigo para amedrentarlo. Lo hizo frente a Maldonado cuando interpretó el pase por dentro de la curva 1.

Max tiene un repertorio extendido de maniobras que capturan miradas, las ejecuta en sitios donde parecerían imposibles o, al menos, improbables, ya que otros difícilmente lo intentan.

Domina la preparación y el cierre, puede bajar el ritmo cuando así lo exige el momento estratégico, pero también es de esos que desconecta la radio cuando ya calculó que puede pasar sobre el de adelante.

¿Exageración? Ojalá que no. Muchos me han dicho: “Un día se va a golpear” y es algo que no deseo ni remotamente, pero también forma parte del riesgo que todos conocemos.

Verstappen me recuerda a uno de esos pilotos legendarios de otra época, indómito, virtuoso, implacable. Pero creo que este chico es mejor. ¿Quieres el nombre de esa leyenda? No. Las comparaciones hacen daño, sólo te doy una letra: la G. Lo demás es tuyo.

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