El día que Hamilton escondió la rosa

Nuestro columnista Albert Fábrega habla sobre Lewis Hamilton, las declaraciones que realizó el domingo tras romper su motor y las consecuencias que puede tener la perdida del campeonato en su relación con Mercedes.

La acusación que soltó en caliente Hamilton tras bajarse de su aún humeante W07 en Sepang, puede llegar a tener muchas más consecuencias que una simple pérdida de puntos en su lucha para el campeonato, que no es poco. Aún quedan 125 en juego, pero sus declaraciones pueden haber abierto una herida que tan solo una corona, una más, podría cerrar.

Y es que no es la primera vez que Hamilton ve una mano negra esta temporada. La primera, y que no gustó desde el primer momento, fue el cambio de equipo de mecánicos de un lado al otro de box. Una decisión que entiendo fue tomada para evitar que la lucha de la pista acabara dividiendo el equipo de los circuitos en dos.

En Formula 1, el principal rival de los pilotos es su propio compañero de equipo. Es el único de los 21 restantes de la parrilla que dispone del mismo material, recursos e información para afrontar un Gran Premio y una temporada. Además, esa competencia está su lado, sin muros. Lo ve. Y eso se contagia y se traslada con la misma intensidad a ingenieros y mecánicos. En cierta manera, los equipos promueven e instigan esta rivalidad para motivar a sus técnicos. En el box, los trabajos deben rozar la perfección y realizarse de forma más rápida posible para poder maximizar el tiempo en pista y no saltarse los límites marcados por los estrictos horarios de un fin de semana de carrera. Todo esto bajo una atmósfera sometida a una brutal presión.

"No es la primera vez esta temporada que Hamilton ve una mano negra"

Los pilotos pasan muchas horas con sus mecánicos e ingenieros. Y al final acaban construyendo unos lazos que son muy fuertes y sólidos. En el fondo, el piloto es consciente de que su vida está en manos de sus técnicos. Sabe que cada vez que sale a pista todo debe estar perfectamente montado y verificado para poderse lanzar a más de 300 km/h sin la más mínima duda de si el coche frenará y girará. A ciegas, sin titubear. Y además son los hombres y mujeres que le transmiten información interna y que, de paso, velan para asegurarse que en el otro coche no hay ninguna evolución más que en el suyo. Son sus garantes. Los mecánicos e ingenieros son conscientes de ello. Y por eso, se viven y desviven para realizar su trabajo más allá de la perfección. La relación pasa de profesional a un plano personal. Y eso, en un mundo en el que solo vale la victoria, puede llegar a ser incluso contraproducente.

Controlar que esa motivación extra, ese plus de sacrificio y dedicación que significa tener a tu rival a la puerta del lado no traspase las líneas del trabajo en equipo es trabajo del jefe de mecánicos y de ingenieros y, por encima de ellos, del Team Manager (jefe de equipo). Una relación entre los dos lados del box que en algún momento puede traspasar las líneas del interés global del equipo y que más que favorecer, puede terminar por perjudicar. Y quizás por eso se decidió cambiar de lado al grupo de mecánicos: los de Hamilton para Rosberg y viceversa. Hacía falta aire. Resetear los lazos para deshumanizarlos y volverlos a un plano más de equipo, de proyecto. Para Hamilton fue innecesario y un golpe psicológico. Le dolió y no lo entendió. Un cambio que hizo que los pilotos, y sobretodo Hamilton, miraran de reojo a su lado para saber que sucedía allí, donde estaban sus ex. Y aún más después de los problemas sufridos a principio de temporada.

"La búsqueda de la excelencia, que a veces falla y que dinamita no solamente el resultado del piloto, sino el de miles de personas que con su grano de arena han ayudado a construir esa máquina"

Pero los mecánicos e ingenieros que tanto se viven y desviven en el box por sus pilotos, solo son la punta del iceberg de lo que representa un equipo de la magnitud de Mercedes en Formula 1. En sus manos está el trabajo de más de 1000 personas que aplican la misma metodología y pasión en todas y cada una de sus tareas. Es una gran máquina que busca y persigue la perfección. Esa búsqueda de la excelencia que a veces falla y que dinamita no solamente el resultado del piloto, sino el de miles de personas que con su grano de arena han ayudado a construir esa máquina y proyecto, hasta ahora, imbatibles.

En Motorsport la buena suerte- y por defecto la mala- no existe. Aquí los resultados son fruto del trabajo bien hecho y las derrotas de los errores. Y a menudo, la diosa fortuna, es refugio para de actitudes que no son capaces de reconocer fallos, que afortunadamente hay. La F1 también es humana, aunque haya egos superlativos que se empecinen en que no. Y Mercedes cometió un error con ese motor que se rompió. Pero también con todos los que se han roto en ese lado del box. ¿Conspiración? ¿Sabotaje? No. Para nada. La imagen del Mercedes en llamas es demasiado destructiva para la marca y técnicamente difícil de planear, sin que deje rastro, huella y ni testimonios. No, no lo fue. Fue un error, uno más y en el mismo lado, sí. Mercedes debe tomar y tomará medidas para que no se repita, aunque no siempre haya ni el tiempo ni el acierto necesario.

"Hamilton tocó las fibras. Humanizó el análisis y reaccionó como un ser humano"

Hamilton reaccionó impecablemente al batacazo de Singapur con un dominio de martillo en Sepang hasta que su motor dijo basta. Pero esta vez, la situación es diferente. Y ahora más que pasar página, Hamilton y el equipo deberán reconstruir los lazos que aquellas desafortunadas declaraciones rompieron. Hamilton tocó las fibras. Humanizó el análisis y reaccionó como un ser humano. Lo sacó de una máquina para ponerlo en un corazón. Pero a partir de ahora, las miradas y los abrazos nunca serán los mismos, si es que alguna vez fueron reales.

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Acerca de este artículo
Series F1
Evento GP de Malasia
Pista Sepang International Circuit
Tipo de artículo Artículo especial