¿Cuál es el límite por el show?

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¿Cuál es el límite por el show?
Mauricio Gallardo Damon
Por: Mauricio Gallardo Damon , Columnista
6 nov. 2015 11:14

Cautivar nuevos seguidores sin espantar a los de siempre, ese es el desafío de quienes piensan hoy el automovilismo solamente como plataforma de negocios, escribe nuestro columnista Mauricio Gallardo.

Nico Rosberg, Mercedes AMG F1 W06 lidera a Lewis Hamilton, Mercedes AMG F1 W06 al inicio de la carre
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Valtteri Bottas, Williams FW37
Valtteri Bottas, Williams FW37
Valtteri Bottas, Williams F1 Team
Pastor Maldonado, Lotus F1 E23
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Marco Wittmann, BMW Team RMG BMW M4 DTM
Marco Wittmann, BMW Team RMG BMW M4 DTM
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José María López, Citroën C-Elysée WTCC, Citroën World Touring Car team y Sébastien Loeb, Citroën C-
Sébastien Loeb, Citroën C-Elysée WTCC, Citroën World Touring Car team
Norbert Michelisz, Honda Civic WTCC, Zengo Motorsport
Podium: Ganador, José María López, Citroën C-Elysée WTCC, Citroën World Touring Car team, segundo, N

En el afán de conquistar a nuevos seguidores o de alcanzar nuevos mercados, el automovilismo se fue transformando respecto al espíritu con el que se forjó.

Sin dudas la evolución propia en todos los aspectos generó muchos cambios, aunque durante años el universo de las carreras se actualizó tratando de conservar su esencia.

Más adelante, con la llegada de nuevas plataformas de negocios y de comunicación, una porción del deporte motor cedió en función de mejorar los espectáculos, aunque en algunos casos los resultados son dudosos.

En la Fórmula 1 por ejemplo, tratan de todas formas de levantar el show y dentro de ese ítem están los sobrepasos.

Hoy la mayoría de ellos se producen por la ventaja que genera el uso del DRS, el sistema que abre el ala trasera para reducir la resistencia al viento y ganar velocidad. Lo malo es que solo puede utilizarlo el piloto que ataca la posición, mientras que el que defiende su lugar nada puede hacer.

Los tiempos cambian. Antes los sobrepasos eran casi siempre producto de una maniobra extraordinaria o del error de quien marchaba adelante.

A favor de la F1, el poleman siguien siendo el mejor en la grilla y por más que se intente emparejar hacia abajo, siguen ganando los mejores, sino otra sería la historia.

Este es apenas uno de los aspectos en los que el motorsport cedió terreno por el show.

Las ideas supuestamente creativas se extienden y en algunos casos se deforman, ya que cada cual hace su adaptación más conveniente.

Otro ejemplo es el DTM, que lastra a todos los autos de la misma marca de aquel piloto que gane una carrera, condicionando su performance para el evento siguiente.

El sistema castiga con kilos extras en el auto al piloto de mejor desempeño y para peor, también penalizan los otros usuarios de la marca, sean o no del mismo equipo.

Lo saludable es que el DTM tiene establecido para cada carrera dos clasificaciones por separado y aunque parezca obvio decirlo, el poleman larga primero como debe ser.

El WTCC es otra muestra, con un formato de clasificación bastante singular, donde los 10 mejores de la sesión oficial invierten posiciones en la grilla para la segunda carrera del fin de semana. Claramente una regla que atenta contra el espíritu de la competición que conocíamos.

Aquel piloto que logra el mejor tiempo obtiene efectivamente la pole position para la primera carrera, pero larga 10 en la segunda, así sin escalas. Y por supuesto los 9 autos que fueron más lentos en la misma sesión cronometrada, pasan a largar delante suyo.

Suena injusto pero sus mentores pueden decir que mejora el espectáculo ya que permite a algunos pilotos no tan rápidos largar en los primeros lugares.

Como sea, infinitas categorías de campeonatos nacionales y regionales se copian de estos argumentos impulsados en series internacionales, en la mayoría con el aval de la FIA. El problema es cuando estos argumentos se deforman y se corren todos los límites, buscando solo un espectáculo entretenido sin importar si sale o no una buena carrera.

El deporte en sí mismo conlleva riesgo y emoción, quizás no en las dosis de otros años, pero muchos son los que defienden lo tradicional por sobre las innovaciones pensadas desde el marketing.

Quizás sea por eso que, pese a las transformaciones, el público nuevo llega de a poco y el más curtido en esto de ver carreras mira de reojo tanto brillo y cotillón.

Antes el automovilismo era más simple. Hoy esa simpleza quedó bastante rezagada, en muchos casos porque todo depende de la categoría o de qué reglamentación interna adopte y no todos tienen tiempo ni ganas de interiorizarse en estos aspectos.

¿Cuál es el límite entonces, para atrapar nuevos seguidores sin espantar a los verdaderos amantes del deporte?

Ese es el gran desafío para estos tiempos pero al tratarse de una pasión inextinguible no todo está perdido, aunque como siempre, el gran público tendrá la palabra final.

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Sobre este artículo

Campeonatos Fórmula 1
Autor Mauricio Gallardo Damon
Tipo de artículo Artículo especial