La noche maratón en el bivouc

En el Rally Dakar hay ricos y pobres. Por un lado se encuentran los equipos con grandes presupuestos, pero también están los menos pudientes, aquellos que con el esfuerzo de pocos, deben compensar la labor de muchos.

En el Rally Dakar hay ricos y pobres. Por un lado se encuentran los equipos con grandes presupuestos; de un lado los coches dónde se ve de inmediato la estructura que monta Peugeot así como lo hace el equipo X-Raid MINI. En las motocicletas se puede observar las instalaciones de Honda o KTM.

Si bien en el Dakar no siempre se pueden tener lujos, al menos los poderosos cuentan con ciertas comodidades, como un grupo de mecánicos trabajando en sus vehículos, aire acondicionado dentro de un camper, así como camas confortables y, en algunos casos, hasta hoteles cercanos a el bivouc para descansar lejos del ruido pero sobre todo, de las inclemencias.

Del lado de los menos pudientes, de los equipos privados, la situación es diferente. Apenas unas cuantas personas para trabajar en el vehículo, o en algunas ocasiones, el mismo piloto y, en el caso correspondiente el navegante, deben hacer la mecánica, para después desplegar una casa de campaña y dormir apenas unas horas en la intemperie antes de un nuevo amanecer e iniciar una nueva jornada donde la misión es la supervivencia. 

Existen quienes llegan aquí con el claro objetivo de ganar y apoyados por diversas marcas. Otros simplemente vienen a la aventura, algunos hipotecando sus casas para cumplir el sueño de una vida de correr en el Dakar, en una de las últimas aventuras del hombre contra la naturaleza.

Pero hay días como este miércoles, donde esas diferencias desaparecen. La etapa maratón, con el sistema de parque cerrado, obliga a que las asistencias y con ello, los lujosos vehículo con sus comodidades, no se encuentren en el campamento. Los ricos y los pobres conviven esta noche en colchones dados por la organización.

“Corre. Ve por un colchón”, le dice un asistente de la organización a Robby Gordon, quien no logra entender las instrucciones ya que el norteamericano no habla un perfecto español. Con señas se entiende y camina hasta un camión para tomar dos colchones, uno para él y otro para su navegante, necesarios para dormir esta noche de miércoles cuando apenas se han realizado cuatro etapas del Dakar.

En otro lado, los pilotos se bañan, usando las regaderas de la base militar de Jujuy, en Argentina, poco cómodas, con estancamiento de agua y hasta lodo en el suelo, pero con posibilidad de agua caliente. El glamour de un hotel cinco estrellas se cambia por el real espíritu del Dakar, de la aventura.

Nasser Al-Attiyah, Joan Roma o Mikko Hirvonen conviven a lado de pilotos menos experimentados y con menos recursos. Todos pasan con una charola al comedor para tomar su cena (sopa, ensalada, carne, arroz y un postre), para después iniciar el descanso en colchones, algunos en el suelo, otros en casas de campaña prestadas. La noche apremia y es necesario dormir bien para el ascenso a los 4,700 metros en Uyuni, Bolivia, después de todo; el Dakar es aventura.
 

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Acerca de este artículo
Series Dakar
Evento Dakar 2016
Tipo de artículo Artículo especial