Recordando a una superestrella en potencia, y a un caballero

Jonathan Noble, nuestro editor de Fórmula 1, reflexiona sobre la vida y los momentos de Jules Bianchi, quien falleció hoy.

Era la noticia que todo el mundo en la Fórmula 1 temía que llegara algún día, pero eso igualmente no redujo el impacto cuando se conoció.

La muerte de Jules Bianchi, como resultado de las lesiones que sufrió en el Gran Premio de Japón del año pasado, ha golpeado duramente a todo aquel involucrado en el deporte motor.

El fallecimiento de cualquier piloto es triste, pero lo que duele más en estos momentos es que Bianchi fue verdaderamente uno de los hombres buenos de la Fórmula 1. El dicho de que los muchachos agradables terminan últimos no encajaba con el francés.

Era un piloto que tenía el balance indicado de velocidad en la pista y modales fuera de ella, ya que Bianchi era amigo de todo el mundo.

Siempre respetuoso, siempre con una sonrisa en su rostro, Bianchi desechó la afirmación de que debes ser completamente despiadado para tener éxito en la F1.

Pero no vayan a imaginar ni por un segundo que el amable muchacho que todos llegamos a conocer no era ultra competitivo o no estaba completamente enfocado en llegar a la cima.

Aquella brillantez de Mónaco

Su final en los puntos en el Gran Premio de Mónaco del año pasado no fue simplemente el resultado de dar vueltas al circuito y avanzar por la mala fortuna de otros. Fue una conducción de primer nivel que incluyó una brillante y rebelde superación a Kamui Kobayahi en Rascasse.

Solamente necesitabas pasar un poco de tiempo con Bianchi para entender que era un hombre determinado en ser el mejor.

Recuerdo con cariño (y descaradamente nunca le dejé olvidar) una competencia que tuvimos los dos poco antes de tener su gran oportunidad en la F1.

Estábamos en un evento de prensa en Abu Dhabi que apuntaba a mostrar las cualidades de un piloto de carreras, y parte del programa consistía en probar la velocidad de sus reacciones.

Había una computadora con dos controles para los pulgares, los cuales debíamos apretar tan rápidamente como sea posible cuando una señal de luz verde aparecía en una pantalla.

Fui el mejor de diez personas, y la primera vez contra Bianchi gané cómodamente –claramente luego de que mi tiempo de reacción se viera perfeccionado por jugar demasiados juegos de computadora cuando era niño.

El espíritu competitivo de Jules significaba que no podía aceptar no ganar, por lo que pidió una revancha. El resultado fue el mismo, por lo que pidió volver a jugar. Y al no ganar, lo hicimos otra vez y otra vez. Y otra vez.

Al final, luego de muchas carcajadas, aceptó que era un juego que no iba a ganar. Y frecuentemente, cuando lo vía después de eso, bromeábamos sobre lo veloces que eran mis pulgares.

Pero cuando se trataba de conducir autos de carrera velozmente, sabía que él estaba calles por delante.

"Ferrari sabía lo bueno que era"

La velocidad de Bianchi detrás del volante nunca estuvo en duda. En el mundo moderno, donde es tan difícil mostrarse par aun piloto nuevo, él se esmeró y silenciosamente sorprendió en Marussia.

Ferrari sabía lo bueno que él era, y estaba bastante claro antes de aquella carrera en Suzuka que era momento para avanzar en su formación.

Un cambio a Sauber para 2015 era una de las posibilidades, y lo que nos hubiera gustado verlo pelear por los puntos –y más también- con el mejorado motor Ferrari de este año.

¿Qué hubiera sido del mercado de pilotos de este año con sus actuaciones?

Lamentablemente nunca sabremos lo que hubiera conseguido, pero eso no disminuye el impacto que Bianchi ha tenido en todos nosotros.

Recordaremos las victorias en su trayectoria. Recordaremos aquella brillante tarde en Mónaco. Recordaremos las risas.

Pero por sobre todas las cosas, recordaremos el verdadero caballero que fue.

La Fórmula 1 es un lugar más pobre sin él.

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