Fangio y su obra maestra

Fernando Tornello nos habla sobre la proeza de Juan Manuel Fangio en el ya lejano 1957: su inolvidable victoria en Nurburgring el día en que alcanzó su quinto título mundial.

Las grandes hazañas nunca prescriben, por eso a 58 años de la gran victoria de Juan Manuel Fangio en el Gran Premio de Alemania de 1957, siempre se está a tiempo para conocer detalles y ponerla en contexto.

El gran piloto argentino había llegado a Europa con la intención de "ganar alguna carrera", como lo confesó a finales de los '40. Eran tiempos difíciles, el dinero no alcanzaba y su compañero de ruta, otro grande, Don Pepe Froilán González, se las ingeniaba junto con el "Chueco" para sobrevivir. Juntaban las monedas para poder conseguir un auto pero eran tan buenos que las grandes marcas comenzaron a fijarse en ellos y a contratarlos.

Más allá de su humilde primaria intención, cuando llegaron a Nurburgring para la competencia del 4 de agosto de 1957, Fangio ya había ganado algo más que una carrera. Guardaba en su poder nada menos que cuatro títulos mundiales y 23 triunfos. Pero la mejor victoria esperaba agazapada en el 'Infierno Verde'.

Luego de ganar con todas las marcas con las que corrió, Fangio había regresado a Maserati, que con el modelo 250F enfrentaba a las poderosas Ferrari 801. Los autos de Maranello utilizaban la goma Englebert, capaz de durar toda una carrera por su dureza. Maserati calzaba las Pirelli, más veloces y blandas, que debían ser cambiadas durante el Gran Premio ya que no resistían hasta el final. La estrategia marcaba la exigencia para Fangio de sacarles medio minuto a sus rivales en pista para reponer los neumáticos y volver al ataque para ganar.

El campeón cumplió su parte en los once giros iniciales y llegó a boxes con 29 segundos de ventaja, lo que Ayrton Senna y Michael Schumacher iban a lograr décadas más adelante. Pero sus mecánicos se retrasaron en el cambio y perdieron 1 minuto y 18 segundos entre cambio de gomas y repostaje de combustible. Fangio volvió a pista con casi 50 segundos de retraso y sólo faltaban 10 vueltas de carrera. Mike Hawthorn y Peter Collins lideraban cómodamente con sus Ferrari.

A partir de ese momento Fangio escribió la historia con tinta color oro. Bajó el récord de la pista en todas las vueltas, al punto que mejoró en carrera más de ocho segundos el tiempo de la clasificación. Increíble.

Alguna vez, Stirling Moss contó que al final de la recta principal había un salto en el pavimento, lugar en que todos los pilotos desaceleraban para superarlo. Moss asegura que Fangio voló sin levantar el pie del acelerador, cayó en el borde de la pista y se dio cuenta que ésa era la manera de ganar algunos segundos sobre sus rivales. Desde ahí hasta el final, el argentino repitió la maniobra en cada giro.

Los autos rojos estaban cada vez más al alcance. Fangio volaba sobre el asfalto. Primero superó a Collins y, cuando faltaba una vuelta y media atacó a Hawthorn cuando el inglés se abrió a la derecha para tomar una curva a la izquierda. El campeón colocó el auto por dentro y fin de la historia, comienzo de la leyenda. 

Se hizo muy conocida la famosa frase de Hawthorn, luego de abrazar efusivamente a Fangio en el podio. "Si no me apartaba a un costado el viejo diablo me hubiera aplastado", reconoció el inglés. Y ésa era la realidad. Fangio estaba endemoniado en la pista y su declaración también dejó una marca en la historia de la Fórmula 1. "Nunca antes había corrido de esa manera y nunca más lo volveré a hacer".

El hombre había ganado su carrera 24 y alcanzado su quinta corona.

 

 

 

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Series F1
Pilotos Juan Manuel Fangio
Tipo de artículo Artículo especial
Etiquetas gran premio de alemania 1957