F1, el choque cultural

Fernando Tornello analiza la situación que viven actualmente Honda y McLaren y, como las formas de pensamiento pueden influir en los resultados.

El hecho no es nuevo, la F1 lo vivió en la mayoría de sus etapas, aún en los dorados años ’70. En su búsqueda por transformarse en un negocio global, como es hoy, ha debido enfrentar desafíos inesperados, como plantearon diferentes idiosincrasias de países involucrados.

Cuando McLaren decidió emprender un nuevo camino y se asoció con los japoneses de Honda, muchos imaginaron que reverdecer la exitosa hegemonía de la era Senna-Prost sería cuestión de un par de carreras. Error.

La cultura milenaria japonesa que respalda a la empresa motorista se chocó de lleno con las urgencias occidentales de los ingleses basados en Woking. Honda tiene un plan de desarrollo a largo plazo y McLaren intenta apurar el trámite. El disgusto occidental crece a medida que avanza el calendario. Honda cree en la planificación, la paciencia y el método, el equipo de Dennis reclama avances inmediatos. El tema tiene un final impredecible.

Uno de los ejemplos más cercanos en el tiempo sobre la cultura japonesa lo presenciamos cuando Toyota decidió probar un año entero antes de debutar en Fórmula 1. Fueron fieles a sus planes y como el equipo era propio nadie les aceleró sus tiempos. Luego enfrentaron muchos años de fracaso y sólo se retiraron cuando la crisis económica internacional hizo que varias marcas de Japón, como Honda, Mitsubishi y Suzuki se acuartelaran reduciendo sus costos.

En 1993, el golpe entre culturas se dio entre occidentales pero que enfrentan la vida con visiones antagónicas. Me refiero a estadounidenses y europeos. Michael Andretti llegó a la F1, como compañero de Ayrton Senna en McLaren. El brasileño no le escondió nada a Michael, le enseñó mucho sobre puesta a punto y desarrollo del auto, pero el conflicto apareció cuando Andretti regresaba a su casa, en Estados Unidos, luego de cada carrera. McLaren lo quería junto al equipo, trabajando cada día para mejorar. Michael y su mujer sólo deseaban volver a su tierra. El vínculo no duró ni un año.

Pero las diferencias también existen entre los europeos. Ya sabemos que no piensan ni actúan igual los anglosajones que los latinos. ¿Quieren ejemplos? El último domingo, en el GP de Hungría, cuando fue por su última parada, Rosberg recibió en su auto gomas duras, que ya venía utilizando, en lugar de un lógico compuesto de blandas para ir por la victoria en las vueltas finales. El equipo alemán había decidido que ese compuesto era el que iban a colocar y no dieron marcha atrás, aunque tal vez les haya costado el triunfo. Estoy seguro que los latinos de Ferrari hubieran cambiado sobre la marcha su decisión.

Y ya que estamos con Rosberg, en el Hungaroring pudimos apreciar las diferencias entre un muy buen piloto y un gran campeón. Iba tercero, detrás de las Ferrari y sólo se preocupaba por saber que Hamilton estaba detrás de él, como lo confesó. Los grandes campeones como Vettel, Alonso y el propio Hamilton habrían tratado de ganar la carrera, sin importarles nada más. ¿Fortaleza mental o diferencia cultural? Llámenlo como quieran.

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Acerca de este artículo
Series F1
Pilotos Jenson Button , Fernando Alonso , Nico Rosberg
Tipo de artículo Análisis