¡A Mil Por Hora! Celo, cada uno elije a su favorito

Escriben los lectores y reclaman que se hable de los medio-ocres y no se quiera señalar a nadie. Cada piloto merece todo respeto; lo que no dice, que sean iguales. Son ellos y su circunstancia, es obvio y natural.

 Uno no debería opinar sobre alguien que no es de su mismo pelo. No decir que Fulano o Perengano son malos maestros, si usted no está enseñando nada y ni siquiera ha dado nunca  una clase de trigonometría rectilínea o de cómo es que se recita, en silabario, el alfabeto griego.

Un bailarín, no debe de ser sanjuaneado por un renco. Esto, que es muy válido en la conversación o haciendo cola para comprar las tortillas y que en los lavaderos, se ve como pecado mortal —cual las doñas que critican a la que usa el detergente Tide— por eso, el conejo Tambor lo dejó bien sentenciado al venado Bambi y al mundo: “Si no tienes nada lindo que decir de los demás, chitón”.

En un texto, es otro boleto: Jules Verne no tenía que ser buzo, y ni siquiera saber nadar, para dar detalle de 20 mil leguas de un viaje por abajo del agua. Si se trata de contar la vida y los milagros de Emma Bovary no era necesario que Gustavo Flaubert fuera peinador.

En el periodismo es mayor la necesidad de saber qué, cómo, cuándo, dónde y por qué; pero poder explicarlo con amenidad y del modo más inteligible. Dar certezas. Hay una ley sagrada del buen hacer del comunicador, lo tiene que entender a la perfección su mamá en lo que dice. Si no, está perdido…

Los reportajes valiosos obligan a que el autor dé cuenta cabal de todo pormenor, qué fue lo posibilitó que se cometiera una barbaridad o también, si por acaso se logró algo bueno para los demás; por eso, hay que averiguar todo muy bien. Como lo dejó instruido Marcus Fabius Quintilianus, circa de 90 años después de Cristo.

El columnista, en cambio, si emite una opinión, está obligado a conocer –a fondo– sobre el tema que trata, para hacer su crítica. Es decir, para ejercer el criterio y regalar a sus lectores con el punto de vista original. Ello, no obliga a que todos estén de acuerdo con él. Si va a hablar de drones no tripulados, no le pida que suba a uno. Basta con que se entere bien y que comunique lo mejor que pueda.

 

Ser fuerte. Escribir fuerte

Tratar sobre la Fórmula 1: como en cualquier otro tópico de la vida, conlleva la necesidad de separar la mies de la paja. Asegurar que Ferrari es la escudería de competición más importante de la historia, es cierto; pero también lo es, que en esta campaña el mejor Team, abismalmente superior, es Mercedes AMG. Pruebas hay muchas. Una que no tiene réplica es la suma de puntos que llevan en el torneo. Luego, pueden venir todas las razones que desee. Pero Ferrari, seguirá sin ser la mejor organización de hoy, no obstante su leyenda escrita con letras de oro en fondo rojo del tono escarlata.

Los pilotos se diseccionan, asimismo según su hoja de servicios y su momentum. En estas dos campañas –la de 2014 y la actual– es mejor notablemente Lewis Hamilton que Nico Rosberg; como comparar a un adulto con un párvulo al cual se le arrebatan sus caramelos. También, el corredor inglés está en mejor momento que Sebastian Vettel, quien ya es cuatro veces campeón mundial, y ni se diga si se lo compara con Fernando Alonso, quien pasa por el peor de sus años.

Si esto antes dicho, no se ve claro, es que entonces el juego consiste en no tomar en serio la competición. En el deporte, el número uno es superior al dos. Punto. Lo demás, son subjetividades, que no obedecen a la razón.

Cada timonero, ya en perspectiva, tiene su categoría. Los hay muy buenos. Buenos. Regulares. Y malos. Son de los primeros esos ya mencionados: Vettel, Alonso y Hamilton. De los segundos Kimi Raikkonen, Jenson Button y Rosberg. Entre los regulares que mejoran, se cuentan varios, como: Daniel Ricciardo, Valtteri Bottas, Daniil Kvyat, Romain Grosjean, Sergio Pérez y Nico Hulkenberg.

 Los más nuevos se cuecen en otra olla: Max Verstappen o Carlos Sainz. Con sus asegunes, se puede decir que apenas sobreviven Marcus Ericsson y Felipe Nasr. De quienes es hasta injusto hablar, será de Will Stevens y todavía menos de Alexander Rossi. Son amargosos, por que no quieren pasar de la mediocridad –y en todo caso otra sería la cosa, si pudieran demostrar lo contrario con firmeza y quedan pocas carreras en el año para intentarlo– Pastor Maldonado y Felipe Massa.

 Viene a colación, porque escriben los lectores y reclaman que se hable de los medio-ocres y no se quiera señalar a nadie. Cada piloto merece todo respeto; lo que no dice, que sean iguales. Son ellos y su circunstancia, es obvio y natural.

 Como los demás sujetos, traen cargando consigo su biografía y desde luego que, el talento innato. Por ejemplo, Bernard Ecclestone quiso ser un gran corredor y desistió —fue inscrito en el GP de Mónaco de 1958, en un auto Connaugth, y ni siquiera calificó para largar— su asunto era otro, ya se pudo ver.

 Los grandes conductores de antaño tenían que trabajar durísimo, participaban en cuanta categoría se pudiera y lidiaban con mil variables que ahora, se desconocen. Casi no ganaban dinero y su trabajo era inseguro. Los buenos, fructificaron y muchos de los maletas, se quedaron por el camino, para la eternidad.

 Siempre hubo de todo. Y, como en casa del jabonero, cualquiera puede resbalar.

 Una cosa es lo que se quiere advertir con esta columna: viene el Gran Premio de México en muy pocos días y es importante que usted esté muy aguzado en lo que ve: no cofundir a una liebre como que va corriendo, y que resulte luego ser un gato.

 Por lo demás, es de desear un enorme éxito a los organizadores y más que nadie, al público ¡Haya más! 

 Amigable mente,

Ángelo della Corsa

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Acerca de este artículo
Series F1
Tipo de artículo Análisis